Corazones desamparados

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Por: Cristian Gallardo Pacheco

 

Son las 8h00 del martes 15 de diciembre de 2020, los resplandecientes rayos del sol adornan el panorama de la capital manabita y a los lejos se puede observar como las nubes de algodón forman figuras en el cielo.

Es una hermosa mañana de quincena que augura un día de laburo exitoso para Oswaldo Morán, médico veterinario de profesión y propietario de la clínica veterinaria “Mascotas con estilos”.

Con el rostro pálido y la mirada sombría Oswaldo abre la puerta de la clínica veterinaria para recibir a su hermana Jacqueline que le ayuda con la limpieza de este lugar.

“¡Buenos días Jacqueline!”, saluda Oswaldo, “hoy hay que limpiar el cuarto de cirugías porque a las doce tengo que operar al perro de la señora Laura”, ordena colocándose el mandil y procede a sentarse en su silla.

Jacqueline obedece la orden del médico y como un rayo se dirige a realizar el trabajo que le corresponde. El tiempo transcurre sin novedad alguna, las manecillas del reloj siguen su rumbo y marcan las 9h00, momento en el que Nelson y Ariel dos jóvenes que están en la flor de la vida ingresan a la veterinaria vistiendo uniformes color gris y saludando atentamente al médico ubicándose en su lugar de trabajo y empiezan a laborar en este caluroso día de diciembre.

Es casi medio día y todo transcurre con total normalidad, a pesar de que antes de la pandemia los días de quincena eran muy ajetreados, ahora solo tienen reservaciones para tres pacientes, a diferencia de meses anteriores que para esta hora ya habían alrededor de unas diez mascotas atendidas.

De pronto el teléfono suena y Nelson atiende la llamada, es Johanna Anzules presidenta de la fundación “Narices frías”, quien con el ánimo en el piso comunica que se ha reportado el abandono de siete gatitos en un reconocido parque de la ciudad.

Nelson avisa rápidamente a Oswaldo aquel suceso sin poder ocultar su malestar por tal acto inhumano.

Oswaldo está que echa humo y exclama: “¡Otra vez!, ¡no puedo creer que existan personas sin corazón!”, de inmediato llama a su amigo personal Julio para que lo lleve hasta aquel sitio a rescatar a los felinos, ya en el camino conversan acerca de este repudiable acto.

“En lo que va de la pandemia hemos atendido muchos casos de abandono de mascotas”, asevera Oswaldo mientras mira por el retrovisor.

La poca información que tienen las personas acerca de la transmisión del coronavirus ha aumentado considerablemente el abandono de mascotas por temor a ser contagiados por estos inofensivos seres.

Conforme transcurre el tiempo y con un caótico tráfico vehicular fuera de lo habitual, Oswaldo llega al lugar de destino, baja del auto rápidamente y se acerca para rescatar a los felinos; con cara de decepción sube al auto y hace una pequeña revisión a estos diminutos seres alegando que necesitan hidratación y atención médica inmediata.

De retorno a la clínica el doctor especifica como son las atenciones que se les da a los animales abandonados, alegando que trabaja arduamente en conjunto con las fundaciones de rescate animal de la ciudad y la provincia en todo el proceso de recuperación de los animalitos y que no reciben ayuda gubernamental ni de ningún otro ente para la realización de estos procedimientos.

Oswaldo aprovecha para aconsejar a las personas que “esterilicen a sus mascotas para que la sobrepoblación de animales abandonados disminuya en gran porcentaje”, y hace un llamado de atención a la ciudadanía incitando a que sean más responsables y más humanos con este tipo de actos.

Una vez ya en la veterinaria el profesional ingresa con los mininos para que Nelson y Ariel se encarguen de realizarle las respectivas atenciones.

El tiempo vuela, hay que aprovecharlo, por tal razón Oswaldo atiende a las mascotas que junto a sus dueños esperan desesperados por irse.

Uno a uno es atendido, el rostro del doctor se nota cansado, pero el cansancio entra por el cuerpo más no por el corazón y como Oswaldo tiene mucho amor por los animales y por su profesión realiza su trabajo con una pasión desbordante.

Es casi hora de almuerzo y todos los miembros de la clínica acuden al llamado de Esther, la señora que se encarga de preparar los alimentos mientras los demás están a cargo de sus ocupaciones.

Esa hora es un momento especial, todos reunidos conversando de sus experiencias y anécdotas del diario vivir; entre risas bromean y le toman el pelo a Addam, hijo único de Oswaldo.

La camaradería en el lugar es notoria y se siente una muy buena energía, pero una llamada telefónica corta todas las risas… es la señora Laura que llama para avisar que va en camino con su pequeña mascota Max que será intervenido quirúrgicamente por el personal.

De inmediato los rostros de todos cambian y se apresuran al ingerir sus alimentos, Ariel entre dientes se pronuncia “esta señora es impuntual”, y exclama “¡su cita era a las doce y viene cuando le da gana!”, mientras se levanta sin haber terminado su almuerzo.

En escasos cinco minutos la señora Laura toca la puerta y es atendida por Ariel quien es el encargado de preparar a la mascota para su cirugía.

Entre las personas que se encuentran dentro de la veterinaria están quienes atienden a los dueños de las mascotas, el personal de limpieza y el doctor que es el encargado de atender los casos más complicados que acuden a este centro veterinario… pero hoy no es un día cualquiera porque deben dar en adopción lo antes posible a los siete felinos que fueron rescatados.

El proceso de adopción no es fácil pero tampoco imposible; preocupado por la situación Oswaldo comenta que “esto no es una maldición, es una bendición y es increíble que aún en tiempos de pandemia se vean casos de abandono de mascotas”, musita posteando una foto en sus redes sociales para dar a conocer a sus seguidores sobre aquel suceso.

Han pasado cerca de dos horas desde la publicación que hace aviso de aquel proceso de adopción, están convencidos de que aunque les toque buscar debajo de las piedras a los nuevos amos de los mininos, lo van a lograr.

Ya es casi media tarde y el teléfono de la veterinaria suena como alarma de salvación.

Son personas de corazón noble que están interesadas en hacerse cargo de los felinos; Oswaldo es muy preciso y explica que para realizar este procedimiento deben acercarse con cédula en mano hasta la clínica para garantizar que las mascotas serán bien atendidas.

Al finalizar la tarde el doctor y los miembros de la clínica veterinaria terminan exhaustos, pese a no ser un día con mucha afluencia de pacientes, el trabajo realizado fue agotador pero la satisfacción de poder ayudar a estos seres que no tienen voz es más grande que el cansancio que se apodera de su cuerpo.

Esperan que el siguiente día sea más productivo, para poder seguir alegrando los corazones desamparados de aquellos seres que son abandonados sin piedad y razón alguna.

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