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Dejando huellas

Por Rosmina Bermúdez

La necesidad y la escasez de los ingresos económicos y alimenticios han aumentado la pobreza en muchos ecuatorianos.

Son las 4h30, el cantar de los gallos y el sol queriendo rayar por su ventana, es el inicio de una nueva jornada, “ya no alcanza para los lujos ni las alhajas”, vociferó Fultón Nevárez, padre y madre para sus pequeños retoños.

Fultón, admite que lucha día a día por llevar el sustento diario a sus tres hijos. Desde entonces su rutina es dejar hecho el desayuno antes de salir de su hogar, su herramienta son las ruedas, su andar son las carreteras y su parada son las playas en espera de lanchas repletas de pescados.

Desde hace 15 años sus mañanas cambiaron, con el paso del tiempo Fultón entiende la ausencia de sus días amargos, “el amor y la perseverancia es más grande que las necesidades que hoy en día atravesamos», recalcó Nevárez con lágrimas rodando por sus mejillas. El desasosiego es la penumbra que sigue todos los días este hombre de 54 años.

Él trabaja en compra y venta de marisco, lo que le ha permitido sobrellevar la situación económica del hogar. Su cuerpo sentía cansancio, sus heridas no sanaban y su lucha por seguir trabajando lo empeoraba.

Un tres de julio del 2020 Fultón sufrió un accidente, ahí le detectaron diabetes y unas heridas de segundo grado su estado era delicado, por lo que sus hijos, de doce y el otro de trece, salieron en busca de trabajo.

Con cara de indignación y tristeza Fultón añadió, que esos meses fueron llenos de tiniebla, ver a sus dos pequeños retoños salir por las noches agarrados de la mano en busca de un centavo.

-No llores papá- dijo su hijo Manuel.

-Perdónenme, por no darle una vida digna como se la merecen- respondió llorando su padre, al saber que no podía evitar los hechos.

-Nosotros te ayudaremos – respondió el pequeño Manuel.

“La vida da muchas lecciones y esta es una de ellas”, puntualizó Fultón, quien a pesar de los años y las fracturas, sigue trabajando.

“Pasaron los meses y esto se hizo costumbre”, comenta María Cañola, dama que desde hace 15 años ha sido padre y madre para sus hijos, la vida le ha dado golpes de pecho, y las circunstancias conllevaron a sus hijos a trabajar a temprana edad.

Hay días donde se sienta a llorar y a conversar sobre lo duro que le ha tocado la vida, “a veces no carga ni $1 en su bolsillo”, su labor es salir a recorrer su pesado, pero esto no le alcanza, aseveró María, manteniendo una postura erguida y natural.

“Es difícil hacer el rol de padre y madre ante tremenda responsabilidad, son criaturas que necesitan el amor y el apoyo de una madre”. Actualmente carecen de conocimiento educativo, por falta de apoyo e incentivo, afirmó Cañola, mostrando un rostro de indignación.

La necesidad los obligó, ahora le dedican más tiempo al trabajo que a sus estudios.

Sus manos están repletas de hincadas y peladas del químico, su piel ultrajada, sus brazos marcados por las gavetas, “es triste ver como dos niños buscan la manera de generar un poco de ingresos económicos a su hogar” puntualizó María, quién en su rostro mostraba el interés en poder ayudar a los pequeños.

Para sobrevivir se las ingenia, haciendo que el poco real que ingrese a casa alcance para las tres comidas, fue así como a golpes y tropezones ha logrado criar a sus hijos, inculcándoles valores.

Actualmente vive en una casa donde el terremoto dejó secuelas, paredes partidas, otra parte virada y una fracción caída. Para él y otros ciudadanos del cantón esta situación se torna gris. La luz, el agua, la comida, han subido su costo, cada vez las cuentas aumentan más.

A las 14h30 Fultón recibe la planilla de energía eléctrica, su cara de desespero aumenta, esa es la expresión de cada mes, sin saber que hacer, tapar un hueco para destapar otro, ellos son la solución “los churqueros», señaló María, quien reflejaba una mirada perdida al ver que no puede ayudar a los pequeños  a tener una mejor vida .

Fultón lleva viviendo casi 47 años en el sector San Pedro y San Pablo, él fue abandonado por su esposa con tres pequeños niños, después de unos años falleció uno de los pilares fundamentales para su vida su madre y después con el tiempo sus hermanos se llevaron su padre, es de ahí donde ese hermoso jardín de flores marchitó.

Su comida es preparada con agua y sal, su vestimenta es obsequiada, su rutina diaria es salir 5h00 todos los días, ir por carreteras en busca de hacerse un cachuelo y regresar con las manos vacías es lo más duro que afronta Nevárez.

“La humildad, la bondad y la sencillez es lo que más nos caracteriza en esta sociedad» vivir así es un paraíso, proclamó Fultón, con su cara sonrojada, dando medias palmas y mostrándose firme como un roble.

Es desconcertante ver el porcentaje del trabajo infantil, pero sería indígnate  no aplaudir ni valorar el esfuerzo que muchos padres hacen para que aquellos no estén en las calles.

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