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Mal momento, buena suerte

Por Roberth Panta

El pintoresco país de Ecuador posee 24 provincias y una de las más distintivas es la provincia de Manabí, en esta se encuentra una pequeña ciudad pesquera muy famosa, por su muelle y su atractivo turístico.

Jaramijó, es el sitio ideal para los fanáticos del mar, la buena comida, un lugar de hermosos atardeceres sumado a los blancos algodones que en horas de la mañana y tarde adornan los cielos destino donde propios y extraños se sienten en casa, debido a la escasa población de 18.486 habitantes, brinda la sensación de que todos son conocidos.

Un grupo unido tanto dentro como fuera del mar, así se representa Jaramijo en una frase, un lugar donde las maravillas del mar dejan atónitos, pues  en las orillas de su muelle se pueden apreciar mantarrayas y toda clase de pequeños peces.

Uno de los habitantes de esta hermosa ciudad es Alejandro Mero, quien nos cuenta que también hay peligros e inseguridades en el joven cantón, el día 22 de enero, él se levantó muy temprano como de costumbre para ir a trabajar, se duchó, desayunó de las manos de su esposa y luego de dar un beso a sus hijos se dirigió al muelle.

“Eran aproximadamente las 18H00 de la tarde, cuando se nos acerca una lancha con 4 personas a bordo”, voz temblorosa que alega evidente temor en su entonación abrieron fuego contra él y sus acompañantes, una de las balas atravesó a un costado del hombro derecho del pescador ocasionándole un terrible dolor que lo hizo desmayarse casi al instante.

Los 4 delincuentes huyeron del lugar del delito con un motor de marca Yamaha que pertenecía a la lancha del herido, lo que empeoró la situación pues los acompañantes de Alejandro se encontraban sin el artefacto que ayudaría a  impulsar la lancha en la que se transportarían a tierra firme.

Fueron horas llenas de varias emociones indescriptibles que vivieron estos pescadores, robados y con un hombre herido abordo el panorama no era nada prometedor, pero con las ganas de salvar a su amigo como motor sustituto, los motivó para que se las arreglaran para llegar a puerto.

Muelle de Jaramijó

Allí las autoridades correspondientes no llegaron al socorro de la emergencia, por lo que,  tuvieron que trasladar al herido en una camioneta de uno de los moradores quien de forma amable y al ver un hermano de ciudad en esas condiciones brindó la facilidad de transporte.

Tras la acción rápida de los moradores y ya con su familia al tanto de la situación Alejandro Mero fue trasladado al IEES de la ciudad de Manta, despierto pero con mucho dolor, le toco pasar la peor parte.

Cuando llegaron no había camas disponibles, a pesar de que la situación representaba una emergencia evidente, el hombre moribundo esperaba en una silla como alguien con una cita a medicina general.

“El miedo se apoderó de mí, no sabía cómo actuar ni que hacer, mi papá lloraba de dolor…”, admitió la hija menor de Alejandro al recordar la situación que le tocó atravesar junto a su padre.

Cuando al fin fue asistido por un médico, lo enviaron rápidamente a realizarse una radiografía para identificar la posición exacta de la bala, ya con los resultados y ya más calmado por la medicina que le habían aplicado momentos antes, se llevó una gran sorpresa, “Es un milagro” comentó el médico al herido, la posición era perfecta para sobrevivir, pero complicada para retirársela del cuerpo, añadió el doctor.

En consecuencia, pasaron días enteros de incertidumbre pura, pues debido a la posición una operación pondría en riesgo su vida aún más que el mismo disparo que había recibido.

Después de una deliberación larga de los médicos que lo trataban llegaron a la conclusión de que podría vivir con el elemento metálico dentro de su cuerpo pues no es el primer caso de esta índole, luego de cocerle la herida, fue dado de alta con medicina suficiente y citas recurrentes para medir el grado de curación.

Tras su leve recuperación, el pescador jaramijense declaró ante las autoridades pertinentes luego del suceso que vivió en carne propia, haciendo un llamado al control exhaustivo en el mar, para evitar actos similares que puedan resultar fatales para otros compañeros de labores.

A pesar de estar en para laboral, ansía volver a estar al 100 por ciento de su capacidad para empezar a trabajar por un motor nuevo, pues su vida y sustento diario está en el mar.

 “Han transcurrido 5 meses y 7 días  desde ese fatídico momento” puntualizó que ahora sufre de insomnio por las pesadillas que le generaron dicha desgracia pero que a la vez agradece por que fue una segunda oportunidad de vida, al asegurar que volvió a nacer.

Todo es solo una historia de vida para los demás, pero para Alejandro Mero son recuerdos imborrables que vivirán en él.

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