DIVAGO

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 2 abril, 2020  

Carlos L. Cedeño 

Me asomo sigilosamente por la ventana lleno de temores, no sé…cuáles. Me quedo quieto, no atino a pensar. Busco tal vez con la mirada algún detalle que me saque de la órbita terrenal, pero sin duda ahí está la cotidianidad, pocas personas caminando en la calle con mascarillas y, uno que otro con guantes, buscando que comprar, somos la mayoría, los de a pie.

Pero, “cumpliendo” con #quédateencasa, cuando salgo a la calle, me inunda la tristeza, estas están vacías, desnudas, con cables que se expanden de un lugar a otro, puertas cerradas y uno que otro ruido; al parecer la raza humana está en extinción, cumpliéndose desde lo bíblico, hasta predicciones de películas realizadas por algunos mortales con imaginación en el séptimo arte.

Divago sin parar, las calles de mi ciudad son cada vez más una selva de cemento, no sé, si cuando el tiempo pase habrá una raza humana con más Fe o simplemente con Alzheimer.

Es el siglo XXI, he leído y visto de todo, desde poderosos que gobiernan naciones nombrando a Dios, a ecologistas diciendo que la tierra con sus océanos respira nuevos aires. Con todo esto, ¿será capaz el hombre de rechazar esta señal o de omitirla? Bendita raza humana impredecible desde los cristianos, ateos, agnósticos…y de cualquier otra que se precie ser mejor. ¡Abominable!”

También vendrán vaticinadores, vulgares engañadores de la zozobra social; pero yo no podré olvidar las tardes y noches fusionadas de silencios interminables que son un respiro en mis oídos de la misma muerte, que me visita cuando duermo, como con simpleza lo resume el científico colombiano Rodolfo llinas, para quien…»el sueño es conocer la muerte, porque el cerebro duerme…». En fin, un virus que nos sumerge en la muerte, la bendita muerte que nos rodea ya no en cada esquina sino en cada aire que respiro.

Sigo despierto, en cualquier madrugada, me levanto asustado o tal vez inquieto con ganas de hacer, hacer algo que signifique bien o perder el tiempo revisando post que más que soluciones son rumores que de hacerles caso aumentarían la desazón del por qué y hasta cuándo en esta vida.

Y así, pasan los días de la vida frente a mí, en el mismo espejo donde millones se miran y esperan para contar historias híbridas, con sueños que se desvanecen en el horizonte, acompañado de una lejana luz que parece inalcanzable y que se aproxima con la calidez de la honrosa muerte. Aunque como diría el poeta Rumi: “En un lugar más allá del bien y del mal, hay un jardín. Allí me reuniré contigo”.

– ¿En dónde estaré después de hoy?

– No lo sé, pero aún, sigo en mi ventana.

DIVAGO

 2 abril, 2020  

Carlos L. Cedeño 

Me asomo sigilosamente por la ventana lleno de temores, no sé…cuáles. Me quedo quieto, no atino a pensar. Busco tal vez con la mirada algún detalle que me saque de la órbita terrenal, pero sin duda ahí está la cotidianidad, pocas personas caminando en la calle con mascarillas y, uno que otro con guantes, buscando que comprar, somos la mayoría, los de a pie.

Pero, “cumpliendo” con #quédateencasa, cuando salgo a la calle, me inunda la tristeza, estas están vacías, desnudas, con cables que se expanden de un lugar a otro, puertas cerradas y uno que otro ruido; al parecer la raza humana está en extinción, cumpliéndose desde lo bíblico, hasta predicciones de películas realizadas por algunos mortales con imaginación en el séptimo arte.

Divago sin parar, las calles de mi ciudad son cada vez más una selva de cemento, no sé, si cuando el tiempo pase habrá una raza humana con más Fe o simplemente con Alzheimer.

Es el siglo XXI, he leído y visto de todo, desde poderosos que gobiernan naciones nombrando a Dios, a ecologistas diciendo que la tierra con sus océanos respira nuevos aires. Con todo esto, ¿será capaz el hombre de rechazar esta señal o de omitirla? Bendita raza humana impredecible desde los cristianos, ateos, agnósticos…y de cualquier otra que se precie ser mejor. ¡Abominable!”

También vendrán vaticinadores, vulgares engañadores de la zozobra social; pero yo no podré olvidar las tardes y noches fusionadas de silencios interminables que son un respiro en mis oídos de la misma muerte, que me visita cuando duermo, como con simpleza lo resume el científico colombiano Rodolfo llinas, para quien…»el sueño es conocer la muerte, porque el cerebro duerme…». En fin, un virus que nos sumerge en la muerte, la bendita muerte que nos rodea ya no en cada esquina sino en cada aire que respiro.

Sigo despierto, en cualquier madrugada, me levanto asustado o tal vez inquieto con ganas de hacer, hacer algo que signifique bien o perder el tiempo revisando post que más que soluciones son rumores que de hacerles caso aumentarían la desazón del por qué y hasta cuándo en esta vida.

Y así, pasan los días de la vida frente a mí, en el mismo espejo donde millones se miran y esperan para contar historias híbridas, con sueños que se desvanecen en el horizonte, acompañado de una lejana luz que parece inalcanzable y que se aproxima con la calidez de la honrosa muerte. Aunque como diría el poeta Rumi: “En un lugar más allá del bien y del mal, hay un jardín. Allí me reuniré contigo”.

– ¿En dónde estaré después de hoy?

– No lo sé, pero aún, sigo en mi ventana.

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