El legado de la esvástica

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Por Jesús Cedeño Valencia

Los símbolos son representaciones visuales de ideas humanas complejas, que giran en torno el momento histórico y cultural que atraviesan. Estos, son tan arcaicos como la humanidad misma. Estaban en las primeras civilizaciones humanas hace 3500 años a.c. entre los ríos Tigris y Éufrates, e incluso cuando el hombre no existía como tal, y los axiomas de la naturaleza y la selección natural esbozaban sus primeros prototipos.

No es de extrañar que al igual que muchos aspectos de la cultura, con el tiempo, los símbolos permuten en significados completamente diferentes, así como aconteció con la estrella de cinco puntas de las virtudes humanas, el ojo dentro del triángulo equilátero que idealiza al Dios judeocristiano, o el símbolo que representa las ideologías de un partido político que manchó las páginas de la historia humana con sangre y devastación.

Con el ojo del mundo entero puesto en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, se suscitó una nueva polémica, esta vez debido a las diferencias culturales entre occidente y oriente, debido a la utilización de la esvástica o cruz con brazos doblados en ángulos rectos.

La esvástica es el símbolo por excelencia del partido nazista alemán, y su mera mención desencadenó el repudio, odio, y los recuerdos traumáticos de la que fue la mayor masacre humana. No solo con los monjes budistas tratando de dar uso a un símbolo milenario de sus creencias en los Juegos Olímpicos crearon revuelta, también, dentro de la cultura popular, una serie japonesa llamada Tokio Revengers fue completamente censurada en occidente por hacer uso de este símbolo budista, reinterpretado como nazista.

Los más de 46 millones de practicantes del budismo en Japón tienen razón, y todos sus argumentos a favor. Los menos de 100 años de la reinterpretación nazi no se comparan a la riqueza y significado de miles de años de este símbolo del budismo, hinduismo, jainismo y odinismo, que simboliza las huellas de Buda y transmite un mensaje de prosperidad, esperanza y buena suerte, que ya desde su etimología sánscrita “svastika”, viene cargado de connotaciones positivas.

Sin embargo, las páginas de la historia no se reinterpretan tan sencillamente como en una máquina de escribir, y mucho menos cuando estos escritos cargan con connotaciones negativas tan perennes en la mente colectiva social. Queda en manos de los creyentes orientales y en su lucha, el cambiar el legado de la esvástica.

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