EN LA OSCURIDAD…

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Calle de la ciudadela «El Palmar» luce desolada a las 7 p.m. debido a la inseguridad por la falta de vigilancia policial y de alumbrado público.

Por: Abigail Zambrano

Así como el cielo se viste de negro todas las noches, las calles de la ciudadela El Palmar también lo hacen, se inundan de silencio, angustia y miedo. Todo esto se debe a que la inseguridad en esta zona es preocupante, el alumbrado público no funciona y quienes deberían velar por la seguridad de los ciudadanos les han dado la espalda.

Al caminar por estas calles los habitantes sienten que el mal los asecha, como un depredador a su presa, temen por sus vidas y corren lo más rápido que puedan para encontrar refugio en sus “madrigueras”.

Maira Pirela, víctima de intento de atrancamiento

Maira Pirela, trabajadora de una panadería relata que hace aproximadamente dos semanas, cuando ella iba camino a su trabajo a las cuatro de la madrugada de repente dos hombres en una moto intentaron asaltarla.

“Vi la vida pasar frente a mis ojos, no sabía qué hacer y la moto cada vez se acercaba más. Corrí, grité y golpee puertas con la esperanza de que alguien saliera a ayudarme, pero nadie me hacía caso, no sé si Dios envío a un ángel para que me ayudara, pero un taxista se detuvo y me salvó de lo que sea que me pudiera haber pasado”, musitó asustada recordando aquel terrible suceso.

El caso de Maira no es el único registrado en la zona, en variadas ocasiones la seguridad de personas indefensas se ha visto amenazada por tal mal asechando en horas de la madrugada.

En la ciudadela El Palmar, hasta un pequeño parque situado cerca de la zona se convierte de pronto en un campo lleno de minas, donde un pie en falso pone en riesgo la seguridad de quien camine sobre él.

Pero la preocupación no solo habita en las personas que salen a altas horas de la noche, también en los vendedores, que apenas la oscuridad toca sus puertas esconden todo aquello que fácilmente pueda ser sustraído de sus locales.

Silvia Palacios madre de familia y habitante de El Palmar

Silvia Palacios, en un tono de voz muy bajo denuncia que quienes se dedican a sustraer lo ajeno los observan desde que el sol se asoma hasta que se esconde, que estas personas analizan quienes son más vulnerables para empezar la cacería.

“Ya nadie puede estar tranquilo, todas las noches cuando escuchamos pasar una moto el miedo nos invade, se quedan varios minutos detenidos, como evaluando a quién pueden asaltar o a que casa se pueden meter, ¡Temo por la seguridad de mis hijas!”, exclama Silvia llena de miedo preocupa por no saber cuándo cambiará la situación.

Trabajadores de la zona se encuentran alerta en constante tiempo, ya que un descuido representa la perdida de mercadería o en el peor de los casos el desvanecimiento de quien se convierta en la victima del monstro que los amenaza día y noche.

Para María Aguilar, vendedora en un local de fiestas explica la situación por la que están pasando en su trabajo, ya que en distintas ocasionas han visto a unos jóvenes en moto merodeando pese a que en el lugar hay cámaras de seguridad, cuenta que no es la primera vez que pasa eso, ya que los locales cercanos han presenciado situaciones similares.

María Aguilar, madre soltera y trabajadora en un local de fiestas

“Es como si me observaran todo el tiempo, cada vez que pasan siento que estoy en una película de suspenso y que cuando menos lo espere el villano estará de tras de mí. El mostrador es como mi muro de Berlín en esos momentos y espero que nunca logren escalarlo”, detalla con profunda preocupación María Aguilar mientras abraza a su pequeña hija, quien es su única compañía.

Ya nadie se siente seguro, asomarse a mirar a las oscuras calles desde la ventana de los hogares es casi como estar en los juegos del hambre, moradores del lugar comentan que a partir de la siete de la noche no hay alma en pena vagando por ahí, ya que nunca se sabe quién pueda estar escondido entre el inmenso lienzo oscuro que cubre las calles.

Patricia Bravo, esposa de Winter Loor

Patricia Bravo es una esposa y madre de familia que constantemente se ve inundada en la preocupación ya que su esposo se ve obligado a salir de su trabajo a las ocho de la noche, cuando no hay luz que lo acompañe.

“Es como si me apretaran el corazón y tuviera un gran peso en mis pulmones que me impide respirar, me siento impotente y la angustia me consume mientras ruego a Dios porque mi esposo llega a salvo todos los días a casa”, lamentaba Patricia mientras mira a su hija menor estudiar.

Por su parte Winter Loor, esposo de Patricia narra, tembloroso y aterrado lo que pasa todas las noches al salir de su trabajo, ya que la calle por la que tiene que caminar para llegar a su casa es una de las más peligrosas.

Winter Loor, albañil y esposo de Patricia Bravo

“Apenas bajo del bus me persigno, me tiemblan las piernas y siento que hasta la sangre se me congela, hace tiempo colocaron el alumbrado, pero las personas que andas en las noches por estas zonas fueron quienes los dañaron para poder seguir realizando sus fechorías”, acotó Winter Loor.

“Las quejas ya no sirven de nada y entendemos que no somos la única comunidad que tiene necesidades, que la llegada de la pandemia ha retrasado muchos proyectos, pero si esta situación no cambia la ciudadela pronto será reconocida como zona roja”, añadió Loor.

Los moradores se sienten abandonados, ya que aun después de tantas suplicas sus voces no han sido escuchadas, voces que se han quedado ocultas en las profundidades de los callejones más oscuros de la zona.

La situación es tan grabe, que establecer negocios dentro de la ciudadela está dejando de ser una opción para muchos emprendedores, todo esto debido a la falta de seguridad, de vigilancia policial y del alumbrado público.

Carlos Alberto Chávez, Emprendedor

Carlos Alberto Chávez, es un hombre emprendedor de un local de comidas que en varias ocasiones ha sido víctima de atracos al momento de cerrar su negocio, el señor menciona que en una de esas ocasiones lo amenazaron con un arma de fuego y que los hombres no le hicieron nada gracias a que pasaron algunas personas y ahuyentaron a los maleantes.

“No era tan tarde cuando estaba cerrando mi negocio, la verdad había sido un día tranquilo y me quedé hasta el final solo, entonces cuando salgo y le pongo el candado a la puerta sentí que me sujetaron el brazo y que me apuntaron con algo, no estuve seguro de lo que era hasta que vi el arma.

Se me helaron las piernas, el corazón se me detuvo por un segundo, hasta la respiración me faltaba, jamás me había sentido tan aterrado, mi mente se puso en blanco, pareció una eternidad, el sujeto que me apuntaba dijo que me quedara callado y que quitara el candado, estaba tan asustado que no podía ni moverme.

Creí que mi vida iba a llegar hasta ahí, pero entonces pasó un milagro. Unas personas se dieron cuenta de lo que pasaba y empezaron a hacer bulla, solo entonces los hombres de marcharon y volví a respirar, fue como morir y volver a nacer”, relató Carlos Alberto, temeroso de que se vuelva a repetir esta situación.

Los moradores quisieron solucionar los problemas de la comunidad por su propia cuenta, pero desafortunadamente las gestiones realizadas no han sido suficientes y todos sus méritos terminaron archivados y escondidos en el fondo de un viejo escritorio.

Para llegar a la solución de estos problemas la presidenta de la ciudadela de El Palmar junto con otros miembros de la comunidad han empezado gestiones con el apoyo de la nueva administración municipal encabezada por el Ab. Agustín Intriago.

Sra. Mercedes Castro, Presidenta Barrial

“Con la ayuda del alcalde se tenía previsto que para el mes de febrero a marzo se pondría en marcha el proyecto para la reparación del alumbrado público, sin embargo, con la llegada de la pandemia este plan se pospuso hasta nuevo aviso, lastimosamente esta no es una buena noticia para nadie dentro del Palmar, las quejas y demandas por los robos llegan casi todos los días y desafortunadamente es un problema que se me escapa de las manos”, preocupada aclaró Mercedes.

 

Los moradores del Palmar viven con el constante miedo y preocupación de que aquellos que se dedican a hacer el mal entres a sus casas y les arrebaten los que ellos consideren sus mejores tesoros o les arrebaten la vida a sus seres queridos.

La puesta del sol se convierte en una alerta para quienes se encuentran caminando en las calles, es una advertencia de que una vez que llegue la noche el mal deambulará por las zonas más oscuras del Palmar y se aprovechará de aquellos menos protegidos, ultrajando sus pertenencias, su dignidad y sus vidas.

 

 

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Carlos Cedeño Moreira

Director LatinoDeportes.Net

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