Espejo sin reflejo

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Por: Jan Piere Zambrano

Su belleza natural, la acogedora estadía, la hospitalidad de la flora y fauna se conjugan para convertir al humedal La Segua en importancia internacional, según la convención Ramsar del año 2000, situándolo en quinto lugar en Ecuador y en el 1028 en el mundo.

En el pasado, su ubicación entre los cantones Chone y Tosagua le permitió ser el destino de la fluida corriente de los ríos Carrizal y Chone, pero hoy, la arbitrariedad humana lo guían a convertirse en áridos terrenos.

Esta reserva natural, está rodeada de las comunidades de San Antonio, La Sabana, La Segua y Puerto Larrea, es un punto céntrico entre estos sitios que unen sus fuerzas y protegen al humedal como un león en defensa de su cría.

Visitar este espacio natural es mirar de cerca como el descuido humano arremete contra la naturaleza, las 1836 hectáreas que conforman el humedal lucen desérticas; la vegetación es escasa, la laguna se seca y las camaroneras e incendios en sus alrededores ganan terreno.

El gavilán sabanero, caracolero, periquitos del pacífico, mirasol pinado, colibríes, son algunas de las aves que posan en los pocos árboles que quedan en pie, mientras las garzas, zambullidores y los anades cariblanco se reflejan en el agua que se aleja lentamente con rumbos desconocidos, dejando un desierto que apaga el brillo de este espejo natural.

Para Cirilo Zambrano, presidente de la Junta Parroquial de San Antonio, la sequía es el principal problema que enfrenta este lugar, pero se lo está abasteciendo nuevamente, gracias a las gestiones realizadas en conjunto con SENAGUA, GAD de Chone, Consejo Provincial, GAD Parroquial en mención y la comunidad, aseveró la autoridad en la comodidad de su oficina, donde las paredes blancas, el escritorio con una mampara protectora y las sillas alrededor lo acompañan cada día.

Las entidades antes mencionadas hicieron posible la construcción de un canal de abastecimiento para retomar la vida del humedal, sin embargo, la contaminación que presenta el lugar en el que nace este cauce hace que la ciudadanía no lo vea como la mejor opción.

“No me parece correcto, porque el agua del río Chone está contaminada, ahí descargan desperdicios de las aguas servidas, eso afecta a un humedal que era completamente natural”, precisó Antonella Andrade, una joven habitante de La Segua, reflejando enojo en su rostro, como si esto fuese lo peor que han hecho por el humedal.

Por otra parte, la guía naturalista Auxiliadora Corral, quien lleva 14 años mirando de cerca y a diario el humedal, constata que desde junio empezó a secarse, dejando como resultado un espacio casi desértico.

“Naturalmente se seca cada 10 años y a la vuelta del invierno se llena nuevamente, pero no pensamos que se secaría tanto como hasta hoy”, admitió la mujer, mientras mueve sus manos rápidamente como queriendo expresar la profundidad del problema.

Para ella, el proyecto que ejecutó el municipio conjuntamente con las autoridades parroquiales y provinciales, es una luz de esperanza para recuperar el nivel de agua del humedal y dar un respiro para quienes defienden en pie de lucha este espacio natural.

Corral, con una mirada nostálgica, recuerda a un humedal colorido, lleno de vida y conservado. Con la mano en el corazón reafirma que para ella es una tristeza inmensa ver como se apaga la vida de este lugar, porque siempre ha tratado de cuidarlo.

La realidad de La Segua, demuestra que los esfuerzos de Corral se destruyen a un ritmo acelerado, pero ella admite que seguirá luchando hasta más no poder, junto a las otras siete guías naturalistas que se han unido a su trabajo.

Recuerda que en una ocasión un extranjero le exclamó “¡vives en el Edén!”, lo que cada día se convierte en una motivación para seguir trabajando en pro del humedal y de las especies que viven o visitan este recurso natural, aseveró la guía naturalista con una voz firme y segura.

Para Karen Puentes, habitante de San Antonio, el humedal ha dado un giro de trescientos sesenta grados, “antes, cuando se visitaba el humedal se podían observar las áreas verdes extensas que hacían lucir vivo a este lugar”, recuerda la ciudadana con nostalgia.

Recomendaciones

La Segua y sus habitantes emanan sufrimiento por los poros, al ver como esta belleza natural se apaga lentamente como el sol ocultándose en el horizonte, trayendo oscuridad para los animales que habitan en el lugar.

Las recomendaciones por parte de los ciudadanos van y vienen, pero todo queda en manos de las autoridades. Mientras tanto, el humedal espera sediento por una dotación de agua que detenga su extinción, quizás el próximo invierno sea la solución.

“Deberían tener reservorios, para que actúen de forma inmediata, por ejemplo, ahora es muy bueno que se haya tomado la decisión de abrir un canal de abastecimiento, incluso deberían mejorar esta técnica para el futuro”, aconsejó Puentes.

De forma contraria, Andrade, insiste que se reabra el canal natural del humedal, “el río Carrizal está más preservado y menos contaminado de lo que está el río Chone, deberían abrirle paso”, aconsejó la ciudadana mientras se acomoda el cabello en las orejas.

Para las autoridades, el humedal La Segua volverá pronto a su belleza natural, pero para quienes observan a diario cómo la vida del lugar se apaga lentamente no será fácil recuperarlo, “volver a que el humedal sea el mismo, tardará mucho tiempo”, advirtió Puentes.

Para ella, la lucha por el lugar es como una vela contra el viento, “ver cómo es destruido por el mismo humano hace sentir impotencia al no poder hacer nada para prevenir esta situación”, condenó la ciudadana, antes de ser interrumpida por la intermitencia del internet.

Incendios

Desafortunadamente cada vez los problemas son más comunes, añadiéndose los incendios forestales ocasionados por la irresponsabilidad del hombre.

En septiembre del presente año, uno de los senderos del humedal se vio afectado por un voraz incendio que dejó como resultado no solo 50 hectáreas de terreno teñido de negro, sino que también a varias especies afectadas, de las cuales algunas se recuperan, pero otras no corrieron con la misma suerte y la muerte les llegó junto a las llamas.

Puentes, culpa a la ciudadanía de los problemas que afectan al humedal y pide que tengan conciencia al momento de prender fuego a cualquier desecho y más si se encuentran en una zona de alta importancia natural.

 

“Hay que evadir problemas de contaminación, daño natural, sobre todo evitar la muerte de las especies y erradicar la sequía que pone en peligro este pedazo de naturaleza”, detalló moviendo la cabeza como si la decepción la consumiera lentamente.

Andrade, pese a su corta edad asevera que el humedal no es para nada como antes, “La Segua estaba lleno de vegetación, era una cosa increíble, pero ahora con los incendios y la deforestación ya no queda casi nada”, lamentó denotando desesperanza.

Ella asevera que los incendios en el lugar se deben principalmente a que esta área corresponde a propiedades privadas que velan por los intereses propios y no se detienen a pensar que están dejando sin vida un área de gran importancia.

Corral, por su parte, alerta que esto se debe al desconocimiento humano, puesto que existen especies que tejen sus nidos a lo largo y ancho del humedal y esto puede ser una causa para que las personas confundan estos espacios y prendan fuego.

“Fue muy afectado y más que todo algo criminal, pero no se han encontrado a los causantes, todo sigue en investigación”, puntualizó la guía naturalista con un rostro pensativo, descansando su mirada en el horizonte.

Las tortugas, iguanas, serpientes, ratones y las demás especies afectadas en el incendio de septiembre fueron trasladados a la Isla Corazón, otra reserva natural, debido a que el humedal no cuenta con un laboratorio que permita socorrer a las especies en este tipo de emergencia.

Camaroneras

La lista de problemas parece infinita, y así como los incendios, las camaroneras también afectan significativamente a este pulmón natural de la zona norte de Manabí.

Para quienes se dedican a este negocio significa una fuente de ingreso, pero para el humedal es una destrucción silenciosa que se acerca como una ola de soldados que acaban con todo a su paso con tal de conquistar un territorio.

Para los habitantes de las zonas aledañas al humedal, estas camaroneras son el principal motivo de la sequía y deforestación del lugar, “hacen uso del agua del humedal y cortan la vegetación para ganar espacio”, aseveró Puentes antes de admitir que el humedal del pasado solo parece un bonito sueño del que despertó, porque ahora la realidad es otra.

Pese al daño que causan las camaroneras situadas alrededor del humedal, las solicitudes de uso de suelo para la construcción de estos espacios siguen llegando al municipio de Chone, pero como un respiro para esta ciénega, desde el departamento de Gestión Ambiental descartan la opción de haber emitido un permiso para estas construcciones en los senderos de este recurso natural.

“En esta administración no hemos dado ningún tipo de certificado para uso de suelo en el humedal”, resalta Carlos García, coordinador de Gestión Ambiental, mientras toma su celular y verifica información en él.

La autoridad aclara que las camaroneras afectan a esta reserva natural por temas de contaminación, puesto que al evacuar el agua que ha sido intervenida con químicos afectan el espejo de agua natural.

Siendo la preservación de la ciénaga la prioridad y el motivo por el cual las solicitudes de uso de suelo han sido rechazadas para toda actividad que no cumpla o no ingrese en el Plan de Manejo del humedal, aseveró García, mientras se acomoda el cubrebocas y hace una pausa como si adecuara sus ideas para no emitir una información equivocada.

Cabe mencionar que este plan de manejo se encuentra en revisión por el Consejo Provincial de Manabí, con el fin de realizar una mejor gestión.

Cirilo Zambrano, defiende que estas camaroneras sean una fuente de ingreso y trabajo para los habitantes, pero no está de acuerdo que destruyan el humedal y tampoco que arremetan en contra de las especies del lugar.

“Tienen derecho a trabajar, lo que no tienen derecho es a destruir el humedal, tienen que hacerlo con las normas técnicas y legales que establece la ley”, reflexionó Zambrano recostado en un sillón negro dentro de su oficina.

De igual manera, un camaronero de la zona que pidió reservar la fuente, precisó que en el lugar existen personas de todo tipo; algunos realizan su trabajo de manera responsable y otros hacen caso omiso a las reglas.

“Ciertamente este es el sustento de muchas familias, pero estoy de acuerdo con respetar la vida del humedal”, precisó el hombre mientras arregla una red de pesca.

Especies Invasoras

Las especies invasoras es otro de los problemas que arremeten contra la naturaleza del humedal, variedades como la tilapia que proviene de las represas Poza Honda y La Esperanza han sido arrastradas por las inundaciones en tiempos de invierno y se encuentran en el lugar.

“El chame una de las especies nativas que se ha visto mayormente afectada por la presencia de la tilapia”, ejemplificó Corral mirando a la mesa que se convierte en su pizarra imaginaria para graficar con sus manos cada proceso que explica.

El caimán es otra de las especies afectadas, por ello han improvisado una reserva para estos animales, “el hombre siempre trata de desaparecerlos, porque realmente ellos comen chame y se meten a las lagunas cercanas, porque el chame no se defiende”, explicó Corral, con una expresión de lamento.

Sin embargo, la ciudadanía debe conocer que cada especie que hay en el humedal y en cualquier lugar tiene un rol importante en la propia naturaleza y su función no es la de afectar a nada ni a nadie “hay q

ue cuidar, la juventud debe hacer conciencia, para dejar esa herencia a futuras generaciones”, recomendó Corral mientras acomoda un cuaderno en el que lleva un registro de quienes visitan el lugar.

Turismo

Pese a que el turismo puede significar un medio destructivo para la naturaleza, en este lugar representa más bien un sustento para quienes se dedican a guiar a los visitantes, es decir, una recompensa por su ardua labor que empieza en la aurora y termina junto al atardecer.

Tanto la guía naturalista, autoridades y habitantes consultados, reconocen que el turismo responsable y ecológico que se practica en el humedal, no representa un peligro para esta reserva, lo que deja claro que los responsables del daño del lugar no tienen nombre más allá de ciertos lugareños.

Acciones sin resultado

Han existido un sinnúmero de intentos por mantener protegido el humedal, pero muchos de ellos no se han concretado, han quedado solo en el pasado de quienes trabajaron en el proyecto y en el recuerdo de quienes veían eso como un camino para asegurar la vida del lugar.

En el 2017, las autoridades locales y provinciales acordaron declarar este humedal como reserva natural, con la finalidad de preservar su flora y fauna, sin embargo, no se encuentra registrado dentro del Sistema Nacional de Áreas Protegidas del Ecuador. Esto para Corral significa un descuido grave y asevera que, si se declara un lugar como tal primero hay que registrarlo y luego cuidarlo.

“Si nos dejan una herencia y desbaratamos el esfuerzo del antepasado, no estamos conservando, así ha pasado con el humedal”, aseguró Corral.

 

Por otra parte, la declaración Ramsar tampoco ha sido un impedimento para las acciones en contra del humedal.

Pese a que este espacio es considerado de importancia internacional no se lo conserva, y esa declaración solo queda en un olvidado monumento en las afueras del GAD Parroquial de San Antonio, donde las borrosas letras tienen plasmado que la riqueza del humedal lo posiciona como un área digna de preservar.

Soluciones

La reforestación sería una gran ayuda para el humedal y las aves que necesitan de los árboles para vivir. Se trabaja para que los propietarios de los terrenos que conforman esta reserva contribuyan a recuperar la flora y fauna.

“Si a alguien le quitan la casa tiene que emigrar y lo mismo pasa con las especies”, comparó Corral con expresiones encontradas entre la tristeza y la emoción por comprometer a todos con la preservación del lugar.

Las autoridades tienen que unir sus fuerzas para rescatar este orgullo manabita y la ciudadanía debe exigírselos, “me siento muy contenta de ver que esta vez las autoridades están protegiendo y contribuyendo a esta reserva, eso es muy factible para el humedal”, reconoció Corral, mostrando una actitud de esperanza y un respiro profundo como evitando las lágrimas de emoción.

Sin embargo, el apoyo hacia el humedal, aparte de las coordinaciones provinciales y nacionales, solo se concentra en el cantón Chone pese a que este territorio también forma parte del cantón Tosagua, “el desconocimiento de ellos probablemente no los deje trabajar en conjunto”, aclaró la naturalista Corral mientras se recuesta sobre una silla.

Andrade, por su parte, advierte que el daño del humedal es grave y pide a las autoridades que tomen medidas drásticas para frenar este problema, que pone en peligro al lugar que recuerda como una zona verde, llena de árboles y especies, pero que cada vez se acerca a ser un espacio seco, sin vida y sin rastro de reserva natural, lamentó la moradora mientras la nostalgia se refleja en su rostro.

Apoyo de la academia

La academia puede contribuir con estudios que sirvan como respaldo para llevar un seguimiento a la vida del humedal, “esta reserva es un laboratorio viviente que la naturaleza proporciona y las universidades pueden venir a realizar estudios que contribuyan a la preservación de la flora y fauna”, propuso Corral con entusiasmo.

La Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí extensión Chone (Uleam), Ministerio de Turismo Zonal 8 y la Escuela Superior Politécnica Agropecuaria de Manabí Manuel Félix López (ESPAM), desarrollan un proyecto que busca darle importancia ecológica al humedal.

Según el portal web de la Uleam, en un espacio de nueve hectáreas se construirá el Parque de las Américas, que albergará flora de diferentes países de la región, porque recuperar este lugar es una lucha sin banderas, en la que solo importa preservar la vida del humedal.

A esto se sumará un obelisco, piscina, y un museo que recordará a los visitantes la historia que cobija a este humedal, detallaron las autoridades de la Uleam matriz y extensión, quienes se muestran comprometidos a ser parte de los salvadores de este paraíso natural.

Cabe indicar que pese a todo los males humanos a los que se enfrenta esta área natural, continúan preservando gran cantidad de especies “Tenemos 164 especies de aves registradas y otras más que registró Royal, además se hizo un monitoreo para el conteo de aves y fue una grata sorpresa al encontrarse gran cantidad de especies”, relató Corral con alegría, demostrando que realmente le importa la vida de este lugar.

El humedal carga con un sinnúmero de inconvenientes que cada día lo acercan a ser un área sin árboles, sin fauna, sin turismo y sin ingresos económicos para quienes guían a los visitantes por sus senderos.

Los ciudadanos piden que las autoridades tomen medidas rápidas, para evitar la desaparición del humedal, mientras que quienes están en el poder también claman a la ciudadanía que hagan conciencia y no destruyan su propio hábitat, lo que queda por determinar es quienes cumplirán la petición que alejará de la muerte al humedal La Segua.

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