Maletas de esperanzas

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Por: Kelly Mieles Vélez

Llegar a un país que no es el tuyo, con miles de ganas de triunfar y obtener una alta calidad de vida no es fácil, se lucha y busca.

Todos tienen sueños, unos más grandes que otros, todo se lucha para el bienestar de la familia, la familia es lo primordial de una persona. Millones de personas migran cada día de su país de origen buscando mejores condiciones de vida, para ellos y los suyos. Pasan travesías, donde sienten que la vida se les acaba y que el tiempo se va volando como un pájaro que ha sido liberado.

Ecuador se ha convertido en uno de los focos de supervivencia, para un mejor futuro para los migrantes venezolanos, pocos han tenido la suerte de establecerse económicamente, la vida les ha sonreído; otros no corren con la misma suerte y viven buscando el pan de cada día continuamente.

Aproximadamente son las 8 de la noche de un día sábado, es un día frio en la cuidad, sopla un viento en la avenida Urbina de la ciudad de Portoviejo que, pone la piel de gallina, allí se encuentra Emilio junto a su esposa y sus dos hijos, uno de ellos, es apenas un bebé.

Lleva aproximadamente 7 meses en Portoviejo, llegó con una maleta llena de sueños y aspiraciones desde San Cristóbal, una ciudad venezolana que se encuentra a 57 kilómetros de la frontera con Colombia.

Se posiciona junto a su familia en uno de los semáforos de esta transcurrida avenida, exponiéndose a las tardes donde el sol quema sin condición alguna y en las noches un frio como sacado del Polo Norte se hace presente.

Vende caramelos junto un cartel que sostiene su esposa, argumenta que es poco el dinero que recolecta a diario. “Si tenemos suerte hacemos unos 7 u 8 dólares, pero no es siempre, de ese dinero hay que sacar para la comida y el arriendo que pagamos”, contó Álvarez mientras sostenía a su bebé y le daba de su biberón con la mirada cansada.

“Salimos de nuestro país con la ilusión de tener una mejor condición de vida, pero no contábamos que nos caería encima un virus que paralizó al mundo entero. Se nos ha hecho un calvario poder conseguir dinero para alimentarnos, tenemos necesidades como todos, la diferencia es que se nos hace casi imposible sustentar estas. Al ser extranjeros no nos quieren dar trabajo, o si nos dan vulneran nuestros derechos”, recalcó Emilio, en medio de la lluvia de ruido que había en la cuidad.

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Por otro lado, Abraham Sosa expone que su vida en Venezuela era casi color de rosa, pero a raíz de la crisis económica y social que vive su país, lo perdió todo, hasta las ganas de luchar y pelar como un león para recuperar lo perdido.

“Vivir en un país donde te oprimían y no te dejaban tener libertad, donde en cada esquina robaban o mataban era algo fuerte para tu salud emocional”, recuerda Sosa con la mirada perdida entre el mar de gente que se aposenta en el centro de la cuidad.

Él al igual que millones de venezolanos salió de su ciudad natal, para poder continuar con su vida en una mejor condición económica y social. Estudiaba medicina en la Universidad Bolivariana de Venezuela, ubicada en Cuidad Bolívar, ahora vende chips de celulares en una distribuidora, en pleno auge comercial de la capital manabita.

“Cuando inició la cuarentena, pensé que otra vez lo iba a perder todo, o bueno lo poco que tengo ahora, dejamos de trabajar. Constantemente me ponía a pensar de donde iba a sacar dinero para poder ayudar a mis padres a pagar la renta o para la sustentación del hogar. No dormía, a veces no teníamos para comer. Fue como volver al pasado y estar de vuelta en Venezuela. Fueron unos meses trágicos, no solo para nosotros, también para los ecuatorianos. Gracias a Dios ahora estamos volviendo a la normalidad poco a poco”, alegó Abraham con un sentimiento palpable que se notaba a través de sus ojos.

Así mismo Víctor Romero contó que en su natal Venezuela era comerciante, llevaba una vida tranquila en compañía de su familia, pero por las pobres condiciones de vida y opresión del gobierno venezolano, tomó la dura decisión de dejar a su patria amada. Dejando atrás a su motor de vida, su familia. Además, de blindar su corazón para las duras situaciones que tendría que pasar en un país que no era el suyo.

“El trámite para llegar a Ecuador fue difícil, pasamos mucho trabajo en el trayecto o viaje, pasamos hambre. No fue fácil dejar a la familia allá, a mi hija, mamá. Gracias a Dios llegamos bien a Ecuador, sin trabajo, costo para conseguir trabajo, pero lo hicimos”, detalló Romero, con la tristeza notándose en sus luminosos ojos.

La situación de la crisis sanitaria lo hizo perder las esperanzas para poder brindarle a su familia un mejor futuro, y por un momento pensó en tirar la toalla y regresar a su país, pero como todo un guerrero decidió seguir en la dura pelea para sobrevivir.

“Resolví el tema del alquiler y la alimentación, cuando estuve un poco más estable económicamente traje a mi hija, la crisis de ahora ha afectado, pero por lo menos no se nos hace tan complicado obtener dinero para sustentarnos como en allá en Venezuela”, recalcó mientras se le nota un soplo de esperanza.

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Gladys Medina, trabaja en una empresa privada de distribución, arribó al país en el 2018, solo con una maleta y miles de objetivos para alcanzar. En la actualidad, ha logrado después de arduos sacrificios obtener una plaza de empleo estable.

Gladys Medina, migrante venezolana.

“En la actualidad los hermanos venezolanos y mi persona pasamos por una depresión inmensa, saber que en nuestra tierra no se puede trabajar para recibir lo digno y llegar en busca de trabajo a nuevos paisajes y sufrir la desgracia de la pandemia, es un golpe fuerte que nos deprime aún más, nos cierra puertas y ventanas a las esperanzas de mantener a nuestros familiares en Venezuela, cada día comer se vuelve un lujo, queremos que nadie siga sufriendo esta crisis, ni nosotros, ni nuestros hermanos ecuatorianos”, puntualizó Medina recordando los momentos donde quizás tuvo que rebuscar de su bolsillo para poder alimentarse.

La crisis que está viviendo el Ecuador no es solo sanitaria, así lo subrayó Oscar Diaz, quien sostiene que no se trata de salir de una crisis para entrar a otra, es seguir con la misma crisis, pero en diferente país: la crisis política o social.

“Muchos de los países latinoamericanos, estamos viviendo la misma historia, la crisis política, por corrupción. La misma crisis social por desigualdad, por dejarnos enamorar por esa idea romántica del comunismo y del socialismo que busca engañarnos y dañar el poco orden público que tenemos. Sin embargo, económicamente si puedo decir que salí de una crisis bastante fuerte, pero realmente en comparación a sociedades veo una falta de valores muy similar a la viveza criolla de Venezuela. Un nivel de corrupción enorme al igual que el de mi país”, aseveró Diaz mientras realizaba su labor de repostero.

Además, recalca que de la única crisis que salió fue de la crisis económica, pero a la vez sostiene también la hay en Ecuador. “Si el dólar no fuera la moneda oficial del Ecuador, estuviéramos en una crisis económica terrible, pero por esa facilidad de mercado o fluidez monetaria en relación a la economía global, es que no estamos mal económicamente”, reflexionó con el ánimo por los suelos.

También se refirió a la crisis sanitaria que actualmente ocurre en el país. “Todos estamos tomando un poquito de las situaciones que ocurren a nivel mundial, todos tienen la crisis sanitaria, claro que con distintos niveles. Pero todos estamos viviendo básicamente lo mismo. Esto me recuerda muchísimo a estar en mi país, había momentos donde no podía salir a la calle porque te mataban en una protesta, no encontrabas transporte o porque te podían robar, claro que acá en Ecuador es por un tema de salud pública y de cuidar tu integridad física o salud”, mencionó preocupado.

Víctor Plaza, corresponsal del Municipio de Portoviejo, señala que la ciudad se ha convertido en el hogar de cientos de venezolanos que buscan una oportunidad de mejorar sus vidas.

“Tú sales a las calles y observas a nuestros hermanos venezolanos trabajando al igual que nosotros, se han convertido en propios de acá, ya son portovejenses de corazón. Y al igual que los nacidos aquí es nuestro deber proteger su integridad, también tomamos medidas para ellos y la población en general”, exclamó Plaza cargado de sentimientos.

Es satisfactorio y gratificante ver como el Ecuador se ha convertido en una luz al final del túnel, un granito de fe y esperanza por tratar de volver a levantarse de las cenizas que dejo la crisis en su país. Ellos se han convertido en almas luchadoras y guerreras capaces de dejar huellas en cada cosa que se propongan. Muchos se quejan por la llegada de estos, sus sueños y las ganas de comerse al mundo. Pero hay que recordar que hoy se está en la cúspide de la montaña, pero mañana no se sabe.

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Carlos Cedeño Moreira

Director LatinoDeportes.Net

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