Recorrido misterioso

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Por: Jan Piere Zambrano

El amor por la naturaleza es la alarma que levanta todos los días a Auxiliadora Corral. Se pone los zapatos, pide la bendición de sus padres, sale de su casa y el cielo aún nublado, la acompaña hasta la carretera.

-Buenos días, ¿Cómo está? – saludó la mujer cuando se subió al bus, con voz que se escucha sonriente.

Trae consigo una mascarilla blanca que le resta volumen a su voz, pero eso no la limita a saludar, avanza por el pasillo del vehículo y da los buenos días a todos, mientras se dirige a un asiento desocupado junto a la ventana.

Después de minutos de viaje y unos kilómetros recorridos alcanza su destino, se baja del autobús, camina unos cuantos metros y llega a la cabaña donde empiezan sus labores cotidianas en el humedal “La Segua”.

Deja sus pertenencias sobre la mesa y se recuesta en una silla para revisar su celular y planificar el día en su mente, antes de adentrarse en su lucha diaria entre la vegetación y el cantar de las especies en la ciénaga.

Corral, no es la única que se dedica a este trabajo en el humedal, tiene siete compañeros que la escoltan en esta travesía, Carlos Vélez es uno de ellos, quien llegó después de Corral, mientras una brisa característica del lugar lo cobijaba.

-Buenos días señora Auxiliadora- saludó Vélez, con una voz animada.

-Buenos días Carlos- contestó la mujer, mientras lo mira fijamente.

Después de una larga conversación de los guías, cada uno se centra en su trabajo y el lugar vuelve a quedar en silencio, solo el cantar de las aves se escucha a lo lejos.

Corral relata con seriedad, que la mayor parte del tiempo pasa entre ocupaciones, fiscalizaciones de los trabajos, amenazas de lugareños y discordia, porque no siempre las personas están de acuerdo con la preservación de las áreas naturales.

Conversar con estudiantes y ciudadanos, que llegan por información a la mesa de atención, es una distracción para la guía naturalista, pero esta es solo la parte emocionante de su trabajo, porque el manto de oscuridad, desesperación y problemas empieza más allá de lo que presentan al público.

La relación que llevan estos guías, aparenta ser la mejor, pero Corral ironiza que no todo es felicidad y criterios positivos entre ellos, sus compañeros también son parte del muro de injusticias sin comienzo y sin fin que frena el desarrollo del humedal.

Para Corral, es toda una travesía contar los problemas a los que se enfrentan como naturalistas, porque no todos están en este espacio por amor a la naturaleza, sino que hay otros intereses de por medio.

Aquellos secretos a voces que todos conocen siguen siendo un misterio sin denuncia, sin responsables y se cuentan en silencio, explicó Corral con un rostro preocupado.

Sin embargo, el clima laboral ante los turistas se presenta como el mejor, Auxiliadora conversa y se ríe con sus compañeros, porque su corazón pese a las espinas que diariamente lo lastiman no guarda rencor alguno y sabe diferenciar las circunstancias entre el trabajo y su humanismo.

La espera de un grupo de turistas se mantiene entre la lluvia que cae sobre el cade de la cabaña a la que llegó hace horas, mira en su celular el clima para ver si mejorará y una sonrisa se dibuja en su rostro al conocer que el sol saldrá para despejar el espejo natural de La Segua y mostrar una mejor vista a los viajeros que se avecinan.

Un carro deja a los turistas en la puerta hacia la reserva natural, Corral, se prepara para recibirlos, les da la bienvenida, se coloca sus botas, y empieza con ellos el recorrido.

La primera parada la hace para presentar las normas que deben seguir los visitantes para hacer un turismo responsable, empieza diciendo -Estas son las normas para los turistas- las lee y finaliza cuestionando – ¿Está todo claro? –

– Está entendido – Asintió Karen Alcívar, una de las turistas que visita el humedal en una mañana que pasa de una fuerte brisa a un resplandeciente sol.

La guía, continúa su recorrido mientras explica cada detalle que se percibe en el sendero del humedal, el conocimiento de los catorce años que lleva dedicada a esta labor es su mejor arma para dar una respuesta a todo.

Así mismo, una cabaña llena de obras artísticas que plasman la historia del humedal permite que Corral muestre a los turistas desde las técnicas antiguas de pesca hasta proyectos que se han rechazado por intereses de los que figuran como dueños de esta reserva natural.

Sigue el recorrido en el sendero por el que han peleado como soldados en defensa de la reina en un panel de abejas para mantenerlo forestado, muestra cómo la mano del hombre ha destruido el habitad de las especies, mientras el motor de una camaronera al lado del camino la obliga a levantar el volumen de voz.

Junto al arrullador canto de las aves, Auxiliadora explica cada detalle de estas especies, las compara y las diferencia para que los adultos, jóvenes y niños que conforman el grupo de turistas aprecien lo que aloja este pulmón natural.

– ¡Ahí están! – exclamó Melany Andrade, una pequeña que se encuentra junto a su madre visitando el humedal, dejando saber que ahí se encontraban las aves de las que la guía hablaba mientras el canto se escuchaba casi ensordeciendo los oídos.

– Sí, esos son – asintió Corral, y seguidamente explicó algunas características de estas aves.

La guía acompaña sus conocimientos de lamentos, porque queda poca vegetación en el humedal y eso deja a las especies sin refugio.

Ya en el mirador, una estructura de madera embarnizada que acerca al cielo, la guía deja saber que la deforestación, ataques a las aves por visitar espacios privados fuera del humedal, sequía de la laguna, bajas en el turismo e incluso ciertas amenazas que recibe por defender este bien natural, son algunos de los inconvenientes con los que lucha a diario.

Al bajar de ahí, dirige a los turistas hacia el muelle que hoy se asienta entre un terreno seco por la falta de agua en el humedal y explica que esta es otra espina en el zapato de los guías.

El turismo ha bajado ante la falta del recurso hídrico en la laguna, ya que el típico recorrido en canoa no es posible por los pocos centímetros de agua que quedan y esta es la principal atracción del lugar, admitió Corral con una tristeza que intenta ocultar.

La guía olvida el desconsuelo y se llena de satisfacción al observar la complacencia de los turistas; para ella, verlos disfrutar o tomar fotografías es sinónimo de que su trabajo y su recorrido por momentos incómodos, tiene buenos resultados en el rostro de quienes visitan el humedal.

Al llegar nuevamente a la cabaña de ingreso, Corral se sienta y parece olvidar todo, descansa un rato y luego despide a los turistas, agradeciendo su visita y su recompensa, porque ellos solo viven del turismo, no reciben ayuda alguna de nadie.

-Siga con el mismo entusiasmo y pasión por cuidar y defender la naturaleza- fue el mensaje de despedida de Jéssica Chimbo, una de las turistas del grupo, mientras chocan el puño como signo de hasta luego.

– Que les vaya muy bien y vuelvan pronto – fue el adiós de la guía, mostrándose contenta por la visita.

Ahí terminó su jornada y parece como si los problemas se desvanecieran al llegar a sus oídos, porque se muestra encerrada en una burbuja de positivismo, adrenalina, amor por la naturaleza y con ganas de luchar ante cualquier adversidad sin importar magnitud ni procedencia.

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