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Riesgo de los honestos

El barrio Florestal 1 está marcado por la delincuencia, donde personas de alma oscura y cegados por la avaricia no dudan en desvalijar a otros.

Autor: Delgado Cantos Alisson

Con el corazón en la mano caminan los moradores del barrio Florestal 1, deseando poder llegar con seguridad a casa, dando plegarias al cielo para que no se les atraviese ninguna persona peligrosa. El barrio Florestal 1 ha estado marcado por la delincuencia, guiado por personas que con su alma oscura y sus ojos cegados por la avaricia no dudan en tomar lo que no les pertenece. Esto se ve reflejado en el estimado de hasta 10 robos semanales provocando que se perciba un aura tenebrosa en las calles por la falta de seguridad, donde los principales perjudicados son los dueños de los negocios que trabajan en la parroquia Eloy Alfaro.

Es inevitable mencionar a los delincuentes, quienes justifican sus actos por falta de trabajo, drogas, malos amigos y depresión. Es por esto que los policías toman un papel fundamental en la sociedad, pero en el barrio Florestal 1 pocas veces se pueden encontrar, por eso una fuente anónima a la que llamaremos ‘Juan’ reveló que muchos de los policías tienen tratos con los delincuentes del barrio para aprovecharse de la gente honesta y trabajadora, lo que llevaría a que muchos policías hagan caso omiso a los actos delictivos del lugar.

Con los ojos llorosos, pero con la mente enfocada en el porvenir está Flérida Mera de 63 años, una peluquera que trabaja desde que cantan los gallos hasta cuando se va el sol. Mera ha pasado días complicados en su trabajo a causa del hurto, y aún así no pierde la fe, porque, aunque refleje gran angustia en su rostro, sus ojos siguen iluminándose como dos estrellas llenas de esperanza.

‘‘Se enfocan en arreglar visualmente el barrio, pero se olvidan completamente de la inseguridad’’, alega Mera con notable enojo en su mirada.

Los vendedores son los más afectados debido a que son las principales víctimas de la delincuencia, de modo que para todos es muy frecuente que lleguen ladrones a sus lugares de trabajo, que en su mayoría no les pesan las manos para halar gatillos y arrebatar la vida a quienes no flaquean fácilmente ante las intimidaciones de ellos.

No sólo los vendedores tienen historias negativas que contar en relación a los delincuentes, tal es el caso de José Luis Chele, un padre de familia de la localidad de estatura promedio y 36 años, quien se ha mostrado preocupado por proteger a sus hijos con su vida, siendo su roca y motivación para trabajar. Y es que, con el inicio de clases tiene una lucha mental contra el miedo, porque teme que a sus hijos les pase algo porque hay muchos que no sienten ni un centavo de pena ni remordimiento cuando se meten con los más inocentes. Esto hace que sus ojos se vean como dos cascadas y la voz se escuche entrecortada, él quisiera poder meter a sus hijos en una cajita para que nadie les haga daño porque los considera unos seres tan frágiles como el vidrio.

‘‘La delincuencia está cada vez más dura y siento miedo de que puedan hacerle algo a mis hijos cuando no estoy presente y no sólo eso, a veces pienso en mudarme a otro lugar porque no quiero que mis hijos aprendan malas mañas por las malas juntas que puedan tener aquí’’, admitió Chele tocando su barbilla mirando hacia un lado pensativo.

Este no es sólo el caso de los padres de familia quienes no pueden pegar los ojos en las noches por la angustia, también hay jóvenes preocupados por su seguridad. Tal es el caso de Iker Miranda de 15 años, un joven estudiante de la Unidad Educativa Fiscal Manta, que reside en el barrio Florestal 1 y que se ha encontrado con situaciones diversas donde su autocontrol y fuerza lo han mantenido firme a los criterios y enseñanzas de sus padres para nunca ser la oveja negra de la familia.

‘‘Algunas veces los delincuentes conocidos de aquí me han ofrecido drogas o trabajos que siempre rechazo porque sé que no puede ser nada bueno viniendo de ellos’’, sentenció Miranda negando con la cabeza. Incluso profundiza el tema manifestando que no puede creer que haya personas ofreciéndole ese tipo de cosas a menores de edad.

Tanto es el miedo que sienten los jóvenes que algunos incluso prefieren vivir en las sombras, en las cuatro paredes de sus cuartos, como algunos jóvenes adultos que terminan trabajando desde sus hogares, porque como dice el dicho ‘‘no hay lugar como el hogar’’ y es que toda la angustia que sienten los moradores del barrio Florestal 1 tiene un motivo importante, y es que comenta la fuente anónima ‘Juan’ que la policía deja mucho que desear en su trabajo.

‘‘Es bien sabido que los policías del barrio tampoco pierden la oportunidad de sacar su dinerito con ayuda de los ladrones, porque rara vez están en el UPC y cuando están, aunque vean que está pasando algo malo afuera, nunca salen a poner orden o ayudar’’, aseveró ‘Juan’ con firmeza y seguridad en el rostro.
En varias ocasiones se han visto a los policías hablando con los mismos delincuentes y los moradores tienen sospechas de que existe un acuerdo entre ellos porque luego de unas horas de esos mismos días en que se los ve juntos, hay robos y son exactamente esos delincuentes que hablaron con los policías los que salen a hacer sus fechorías y nunca se les cae la cara de vergüenza porque casualmente nunca los atrapan, añadió enojado Juan.

Otra historia es la que cuenta el policía Jorge Mendoza, quien aseguró encontrarse asombrado con el nivel de delincuencia que ve diariamente en el barrio, donde recalca estar siempre al pie del cañón para lo que se necesite, porque el tiempo es oro cuando se trata de la seguridad y refuta totalmente la versión de la fuente anónima que desacredita su trabajo y el de sus compañeros.

‘‘Soy un policía responsable, realmente trato de hacer lo mejor que puedo, pero no puedo permitir que se nos denigren de esa manera, porque nunca hemos pactado algo con los delincuentes, hemos atrapado algunos y eso no quieren reconocerlo. Incluso ahora hemos estado haciendo rondas por el barrio porque la delincuencia está dura y siempre estamos dispuestos a ayudar, pero deberían de reconocérnoslo’’, rezongó Mendoza con el ceño fruncido como clara muestra de su enojo.

Otra cara de la moneda es la que vive un delincuente de la localidad que se mantendrá anónimo, puesto que no quiere recibir represalias ni ser juzgado, porque él asegura disfrutar de conseguir las cosas de la manera más fácil posible sin importarle mucho lo negativo que representa la delincuencia para otras personas.

‘‘Duermo tranquilo, rara vez me arrepiento por lo que hago y menos si es para ayudar a los míos, robo porque me ahorra tiempo y esfuerzo para conseguir dinero, además los policías tampoco son capaces de pararme a mí y a mis panas y cuando molestan les pasamos cualquier cosa para que se queden callados’’, confesó la fuente anónima esbozando una sonrisa que denotaba orgullo.

Este problema de inseguridad no debe ser ignorado porque los moradores aseguran no soportar el terror al salir de sus casas porque se sienten como niños indefensos ante la inseguridad, sólo esperan que alguna autoridad se ponga en los zapatos de ellos para solucionar este gran problema.

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