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SUBIDÓN

Por: Alexandra Toala

Como si fuera un balde de agua fría, cayó en los ecuatorianos la noticia del nuevo incremento de la gasolina en Ecuador. Un país golpeado por la mayor crisis sanitaria, económica y política de su historia, provocando que el bolsillo de los ecuatorianos estaría entrando a un estado de coma inducido.

El fin del régimen de Moreno, ha dejado un panorama turbio y casi confuso en materia económico, las calles sintieron el grito del pueblo en un paro por el intento de la eliminación del subsidio a la gasolina, que afortunadamente dio marcha atrás. Pero no al sistema de bandas que está vigente desde mayo de 2020, que da paso al incremento del precio de la gasolina extra y ecopaís en un 5 por ciento y diésel en un 3 por ciento de manera mensual.

Como reacción a este “subidón”, los transportistas ya están en pie de lucha en varias ciudades del territorio ecuatoriano, y es que al parecer ya no se tiene recursos y la esperanza de buenos días aún no llegan.

Deudas hasta el cuello

Los conductores muestran su preocupación por la mala racha económica que viven, tienen la soga cuello y los consume las deudas.

Harold Cevallos, chofer de la Coop. 24 de octubre.

Sin perder el rumbo de la esperanza, pero sin dinero, encontramos a Harold Cevallos de 43 años, transportista urbano que recorre por las calurosas calles de Manta. Cevallos se siente “ahorcado por las deudas”, y con un quebrando en su voz revela que tiene una deuda de 10 mil dólares que, al parecer, será imposible pagar.

«Las casas comerciales y bancos nunca respetaron lo que dice la Ley Humanitaria. Cada mes la situación ha sido insostenible, todo nos afecta», denuncia Cevallos con un respiro largo y nostálgico.

Las restricciones han sido una piedra en los zapatos para la mayoría de las transportistas que los arrasa al mundo de la incertidumbre y deudas. Ya que con un aforo mínimo en sus vehículos no recuperan lo perdido en los primeros meses de pandemia.

Joselo Toala, transportista

La peor parte de la historia se la llevan los transportes escolares, que están sin trabajar desde el inicio de la pandemia. Con su típica gorra negra y ojos achinados, Joselo Toala, de 38 años, dueño de un bus escolar e institucional es enfático de protestar, ante el incremento progresivo de los combustibles, revela que ahora tiene que vivir del diario, batallando contra la incertidumbre, porque si el día de trabajo es malo, le toca convertirse en un soldado derrotado, agachar cabeza y llegar a casa con tan solo unas cuantas monedas, que solo sirven para los panes en su mesa.

Sin pelos en la lengua, el presidente de la Federación Nacional de Trasporte Escolar e Institucional, Miguel Andrade, resalta que cuatro meses lleva más del 50% el alza del combustible, esto va de la mano del aumento de los repuestos, insumos y el encarecimiento de la vida.

“Somos 14 mil unidades en donde solo un porcentaje puede trabajar, pero se gana lo que nos quieren dar”, concreta el presidente y hace tres pedidos a las autoridades “congelar el precio de los combustibles, seguir con el plazo en los Bancos y ser vacunados”.

La misma realidad la vive Andy Andrade, residente del barrio “Jocay”, de Manta, junto a su fiel compañero de trabajo, su taxi, recorre con lágrimas en su mejilla y con un ligero suspiro expresa estar en la cuerda floja cuanto al abismo económico.

Andy Andrade junto a tu taxi.

“Las deudas son insoportables y la informalidad de los Indriver, pone en jaque mate las tarifas de las carreras establecidas, relata Andrade tocando su vehículo amarillo como sol y con una mirada perdida hacia el horizonte. También, detalla que se tuvo que convertir en delivery, algo que jamás    pensó, pero los ingresos que él genera en la cooperativa ya no son muy productivos, ahora gana aproximadamente 200 o 250 dólares mensuales, cuando meses atrás su sueldo era de 580 y hasta podía pagar el seguro.

Evidentemente, “el subidón”, dará otro golpe a la economía que no ha mejorado por más de dos largos años, los sueldos se han reducido, el presupuesto no basta y el desempleo se ha incrementado hasta las nubes.

«El alza de combustible es algo que afecta a toda la ciudadanía en particular, el taxismo si se ve afectado porque somos las personas que recorremos a diario la ciudad y por ende gastamos más combustibles» aseveró Andy rivera con voz de lamento y preocupación

Otros panoramas

Y es que, el incremento del combustible no solo afecta a los transportistas, también a otros sectores de la economía que no se salvan, pero tratan de esquivar las balas de la crisis económica.

José Rodríguez, propietario de “donde el flaco”.

José Rodríguez, comerciante de 35 años de contextura delgada y dueño de una cabellera negro azabache. “Los productos de la sierra que me traen a mi negocio, cada mes suben, según es el incremento de la gasolina que también influye en el valor final de los productos”, lamenta Rodríguez, propietario de la tienda “Donde el flaco”, ubicada en el barrio “Jocay” de Manta.

En el mismo contexto, el analista económico, Guillermo Granja, asegura que los efectos del alza de los combustibles, influye en el precio de los víveres “Tiene un efecto directo en la cadena de costos porque en función de lo que estoy movilizando se va a dar un incremento. Por ejemplo, si necesito transportar 50 quintales de papa, el costo para el transportista de una ruta Riobamba-Manta antes era $ 50 ahora $ 55 o $ 56 y eso lo va a distribuir al mayorista, al consumidor final. Entonces nos toca optimizar, si antes transportaba papa, ahora puedo traer otros productos para que el costo sea proporcionalmente dividido”, asevera el analista en una entrevista para El Universo.

Gladis Tapia, ama de casa.

Gladis Tapia, ama de casa y madre soltera con 3 hijos, se lamenta al recordar que por la pandemia sus ingresos se fueron como la esperanza de días mejores. “todo está caro, el precio de las verduras y frutas varían, dicen que es por la gasolina, el carro que vende gas doméstico por mi casa subió el precio, ya todo está por las nubes”, denuncia Tapia, mientras barría el portal de su casa ubicada en el barrio “La Ensenadita”.

Llaman a marchas

Con baterías puestas, el Movimiento Indígena y campesino de Cotopaxi, no se quedaron callados y en la red social del pajarito azul, Twitter, convocaron a levantar el reclamo ciudadano, por el aumento progresivo del combustible. Con su característico poncho rojo, sombrero negro y los colores del Movimiento Pachakutik, el líder indígena, Leónidas Iza, pedía la repuesta del nuevo gobierno, que prometió días mejores a los ecuatorianos.

Promesa política

Pero Guillermo Lasso no podrá meter mano al sistema de bandas que provoca el “subidón” al combustible, ya que esto es parte de un acuerdo que firmó Lenín Moreno, con el Fondo Monetario Internacional (FMI); sin embargo, encendió una luz al final del túnel, y se comprometió en focalizar los combustibles para el transporte público y comercial del Ecuador.

Bajo la lupa

Como tratando de justificar y queriendo tranquilizar al pueblo ecuatoriano, la Agencia de Regulación y Control de Energía y Recursos Naturales No Renovables (ARC) informó que personal técnico realiza controles para verificar el cumplimiento de los nuevos precios a nivel nacional

Sherman Collin

Por su parte, Sherman Collin, trabajador de la gasolinera Terpel, ubicada en la parroquia Manta, con sereno timbre de voz y manos cruzadas, da fe que el efecto por el incremento no es significativo para los ciudadanos.

“El alza de combustible se da por los convenios de préstamos con el FMI, sus precios se mantienen porque el petróleo no baja sus costos. Si lo analizamos por efectos de la inflación del mes anterior, 0.08%, su efecto no es significativo, es decir que manteniendo un subsidio directo a los usuarios del transporte urbano tampoco les afectaría, eso lo demuestra en estos meses en que se han aplicado el sistema de bandas al precio de los combustibles. Cada once días varía el precio de la gasolina, y tenemos largas filas aprovechando un día anterior”, explica el joven trabajador, con su característico uniforme rojo.

Esta situación pone los pelos de punta a más de uno, en donde aún la sociedad está tratando de despertar ante tan deplorable situación. Los tragos amargos que trajo consigo la crisis sanitaria, aún se beben caliente y parece no acabarse.

El gobierno del “encuentro”, al parecer, va por un buen camino y los ecuatorianos esperamos que el elegido haya sido la mejor opción.

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