Un “Moisés” para este éxodo

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Autor: Mercedes Cedeño

Un mar de esperanza es Manta, para los migrantes venezolanos que los últimos años han decidido dejar su tierra y venir, ciudad de pescadores y artesanos que cada día se levanta con los rayos del astro rey traspasando las ventanas y se va a la cama con sus atardeceres que enamoran, este cantón manabita, se ha convertido en la casa de acogida de numerosos venezolanos que llegan con la ilusión de mejores días.

Dentro de un aula de la Comunidad María Auxiliadora, Jesús Arroyo Salero, de 44 años, docente de educación básica con 16 años de experiencia laboral en Barquisimeto, una de las ciudades más pobladas de Venezuela, en el año 2017 junto a su esposa y sus tres hijos, determinó abandonar su tierra natal, cuando las perchas de los comisariatos quedaban desabastecidas, el hambre tocó nuestra puerta, recalca.

Licenciado Jesús Arroyo Salero

ayudado desde que tomamos la decisión de venirnos, hasta hoy, nuestros intermediarios para venir a Ecuador fueron sacerdotes manabitas, que nos dieron la acogida en una iglesia de San Martin de Porres, al pasar el tiempo una religiosa nos dio acogida en la Comunidad María Auxiliadora, donde vivimos actualmente, aquí en Manta hemos encontrado una verdadera familia”, alega.

Acomodándose en una silla blanca, Arroyo aclara, “soy docente, pero al venirme no traje un documento y por eso no puedo ejercer aún”, quien destaca sentirse bien con el trabajo que tiene como conserje en la Unidad Educativa Julio Pierregrose, tiene un sueldo básico y le pagan seguro y todo lo estipulado por la ley, tiene amigos que trabajan como docentes en la escuela Fe y Alegría, pero aclara no sentirse mal, porque hay compatriotas que no tienen ni para el pan del día.

La mañana está soleada y en la parte de afuera de la oficina se encuentran alrededor de diez menores de edad llorando y peleando por una muñeca, unos adultos hablan, otro duerme envuelto en una sábana de rayas en el piso, mientras que, en la oficina sobre su escritorio café, Jennifer Lucas trabajadora social de Cáritas Manta detalla sobre la ayuda que brinda la fundación a los migrantes venezolanos.

Jennifer Lucas trabajadora social de Cáritas Manta

De lunes a viernes les facilitan el almuerzo, hay semanas que atienden de 80 a 90 personas y hay otras semanas que llegan hasta 130 migrantes en busca “de la caricia de Dios a su pueblo” cuando recién llegan, la fundación abre sus brazos, este lugar solo atiende en las mañanas hasta el mediodía, aclara Lucas.

Por lo general, el recién llegado busca una casa y trabajo, se encuentra en situación de calle, el rol de la fundación en este caso es designarle una casa de acogida, por lo tanto, si tienen un mal comportamiento dentro de las casas de acogida, se van por la sombrita.

Con el constante movimiento de su mano derecha, Lucas específica, sobre el tema del arriendo “es lo que más buscan, sin embargo, es lo que más demora, en este caso la organización que más tiende la mano es el Consejo Noruego, pero suele ser dilatado el proceso de arriendo, la organización les ayuda con el capital para que puedan acceder a su primer arriendo y para su primer emprendimiento, que consiste en vender cigarros, caramelos o fundas, para poder subsistir sus días.

Cáritas Manta ofrece ayuda psicológica a los migrantes dos días a la semana, cuando la requieren”, destaca Lucas mientras se acomoda su chaqueta negra.

 

(video) https://youtu.be/40n4qfSrByg

La noche, la avenida de la cultura, y un puente alto sobre su cabeza, son testigos de la labor que desempeña Omar Sánchez, un joven venezolano de 21 años, no es alto, su rostro es como el de un niño inseguro, y deja al descubierto sus pies al calzar unas zapatillas polvorientas, bajo el brazo lleva unas fundas negras, las ofrece a los peatones y vehículos que circulan por esta avenida.

Avenida de la Cultura Manta

“Vendí lo único que poseía para venir a Ecuador, refiere Sánchez, solo me pagaron doscientos dólares por mi moto, abandoné mis estudios, vine con mi mochila llena de sueños, para mí y para mi familia, hace un mes trabajé bajando pescado de un camión, me pagaban diez dólares diarios, pero abusaban de mí, haciéndome trabajar hasta la media noche”.

Mientras las manecillas del reloj rotan constantemente y marcan las 20H00, en su bolsillo ya tiene el fruto de su trabajo, que le sirven de sustento para su progenitora y sus cuatro hermanos, “necesito una estabilidad laboral, sino pago el arriendo nos echan”, asevera Sánchez.

“La economía de este país debe mejorar, de lo contrario me regresaré a Venezuela, aunque las cosas estén más caras que aquí, allá tengo familia”, aclara, mientras, se aleja en medio de automóviles ofreciendo sus fundas plásticas.

El sol está en su máximo esplendor, las hojas de los árboles se mueven lentamente, mientras en el aula de clase del Seminario San Pedro de Portoviejo, José Luis Mieles, sociólogo de la institución, detalla “los venezolanos llegan a Ecuador como si fueran hormigas, su ingreso afecta la economía, el hecho es que vienen a un país de oportunidades, esto les da beneficios a ellos, pero al existir salida de divisas es negativo para nuestro país por consiguiente se genera una deficiencia económica porque la moneda saldrá y no circulará en Ecuador”, confirma Mieles.

Seminario San Pedro de Portoviejo

la moneda saldrá y no circulará en Ecuador”, confirma Mieles.

“Ecuador está dolarizado, es un país que promete más que otros países, el venezolano lo que quiere es llenar su bolsillo, es comprensible, vienen de una situación precaria en su país, además, son víctimas de un problema grave, de una economía capitalista, que les ha impuesto Estados Unidos”.

Mieles entre dientes admite el descaro de algunos compatriotas, “prefieren contratar a un venezolano con servicios prestados, por el contrario, deberían aprovechar el intercambio cultural y social, incluso muchos venezolanos son profesionales y pueden aportar para el desarrollo del país”.

Con un profundo suspiro, María Quispe, una mujer sencilla y laboriosa, confiesa “paso mis días rodeada de verduras y frutas en búsqueda de mejores días”. La mujer vive agradecida con este país que le ha dado la oportunidad de un nuevo comienzo, con nostalgia y voz temblorosa, detalla, “hace cinco años llegamos a San Pablo de Manta, con mi esposo y mis dos hijos y nos hospedamos en la casa de un familiar que ya residía aquí, acostumbrarnos fue difícil, éramos como unos huérfanos”, rememora la dama, mientras acomoda los frutos de su puesto.

María Quispe atendiendo una clienta en el mercado San Antonio.

Pablo de Manta, con mi esposo y mis dos hijos y nos hospedamos en la casa de un familiar que ya residía aquí, acostumbrarnos fue difícil, éramos como unos huérfanos”, rememora la dama, mientras acomoda los frutos de su puesto.

Hace tres años empezaron su emprendimiento en el mercado San Antonio, al principio una señora que también vendía legumbres y frutas, no los dejaba trabajar y hería sus sentimientos insistiendo ¡váyanse a su país!, bajando la cabeza entrelaza sus manos recalcando “no ha sido fácil, pero con el favor de Dios todo ha mejorado mis hijos estudian, mi esposo trabaja en albañilería y yo aquí desde que canta el gallo, hasta que muere el día”, acota María.

“No regresaremos a Venezuela, mis hijos seguirán estudiando en el colegio, tenemos a nuestros padres aquí y la situación no ha mejorado, la gente sigue saliendo de nuestro país”, puntualiza María, juntando sus manos y llevándolas al pecho, murmura Dios es bueno con su pueblo, dibujando una sonrisa de esperanza en sus labios.

Registro de migrantes venezolanos octubre 2022

El sonido de dos tacos se deja escuchar en la casa, vienen directo hacia la oficina, se acerca una dama de cabello negro, saluda con alegría y se sienta en su silla negra de cuero, Angélica Geraldine Chávez Castro, de 27 años, coordinadora del proyecto, que trabaja en la fundación desde hace un año.

“Como aves sin nido llegan a menudo los migrantes a la Fundación JUBASCA (Juan Bautista Scalabrini), una casa de acogida, que tiene 10 años en la ciudad de Manta, este servicio se da a migrantes, refugiados y marineros, para que lleguen y descansen es un paso temporal que se les da y siguen su camino, en las normativas los migrantes pueden estar hospedados de tres a cinco días, si no encuentran casa la ONG (Organización no Gubernamental), se encarga de darles asistencia humanitaria incluso rubros económicos, solventar arriendos”, puntualiza Chávez mientras sostiene un esfero azul en sus manos.

“La mayoría de los migrantes pasan por las trochas, pero a esas personas igual se las acoge aquí en la fundación, lo importante es que traigan sus documentos legales”, enfatiza Chávez.

La meta de un migrante es establecerse laboralmente, la ONG les brinda alimentación, arriendo y una vez que la ayuda se les termina algunas familias se van, pocas logran establecerse.

Asimismo, “hay unos venezolanos que están retornando a sus países y otros que están viajando a Estados Unidos, el gobierno de Venezuela les está dando ayuda y están volviendo”, alega Chávez.

Geraldine Chávez coordinadora del proyecto JUBASCA

Otra historia es la de la Venezolana Kimberly Márquez, quien, con su rostro pálido, sus ojos debilitados, casi deshidratada, relata su travesía desde su país natal, hasta Ecuador, son seis días de constante movimiento escuchando el ruido monótono del bus, pensamientos que van y vienen como serruchando mi cabeza y cada vez alejándome más de mi nido, lágrimas de dolor emanaban de sus ojos marrones.

Han pasado veinte minutos facilitando sus datos en la Fundación JUBASCA para acceder a una habitación y una ducha mientras su rostro refleja una profunda tristeza, se miran uno al otro, y se envuelven entre sollozos.

Kimberly Márquez junto a su familia en la fundación JUBASCA.

Han pasado veinte minutos facilitando sus datos en la Fundación JUBASCA para acceder a una habitación y una ducha mientras su rostro refleja una profunda tristeza, se miran uno al otro, y se envuelven entre sollozos.

“Solo queremos tener un trabajo para poder alimentar a nuestro hijo y darle sus estudios, aclara, hoy solo queremos que lleguen las 16H00 para ingresar a esta fundación y descansar para poder pensar, “estamos ciegos” en esta ciudad”, añadió Kimberly, mientras toma en su mano derecha una maleta azul.

De acuerdo con el último reporte oficial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) revela en su informe a 6,11 millones se elevó el número de migrantes venezolanos en el mundo.

El informe destaca que América Latina alcanzó los 5,06 millones hasta el mes de abril de 2022, el resto se encuentra en Europa y Estados Unidos.

La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) narra desde su portal web “las personas continúan saliendo de Venezuela para huir de la violencia, la inseguridad, las amenazas, y la falta de alimentos, medicinas y servicios esenciales”.

“Vamos de mal en peor, en la actualidad se maneja el dólar y es mejor tener un emprendimiento que practicar la profesión. Mi hijo pronto va a estudiar a la universidad, no pienso volver a Venezuela, solo que las cosas mejoren”, exclama Arroyo, con júbilo en su rostro.

“Por la asignatura de Historia conocía el comunismo precisa Arroyo con el rostro enojado, y con la mirada sobre el piso, asevera, todo lo que ha pasado es consecuencia de haber apoyado la política de Chávez y Maduro, hemos sido víctimas de aquello, hoy no hay en Venezuela ni libertad de culto, las fuerzas armadas son el único gremio que tiene todas las comodidades, cuentan con todo lo de la ley y el apoyo total de Maduro el comunismo es como una plaga”, refiere Arroyo.

Es lamentable que, habiendo 30 millones de habitantes, 6 millones hayan abandonado el país en lo que va del año 2022,con la mano sobre su cabeza, enfatiza, el migrante. “Cuando me pongo a pensar que, solución, tendría este “éxodo” la única es “que el pueblo se levante y haya derramamiento de sangre”, precisó Jesús, mientras barre el pasillo del colegio Julio Pierregrose.

Datos relevantes de venezolanos en Manta

Mientras no exista una economía estable y una política justa, los “chamos” continuarán saliendo, Venezuela seguirá triste como una madre que ve alejarse a sus hijos, los canales de televisión permanecerán mudos y las telenovelas solo serán un lindo recuerdo.

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