Un bálsamo para Argentina

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Con un gol de Correa cerca del cierre del partido, la Selección se impuso por 1-0 en Tánger. Aunque el partido fue pobre, el equipo dejó una imagen más positiva que en el choque ante Venezuela.

Marruecos.- Esta victoria apretada que debió ser empate y que, por tratarse del caprichoso juego del fútbol, hasta pudo ser derrota, deja bastante poco. Impacta mucho menos de lo que lo hubiera hecho una caída. Sirve para no ahogarse antes de llegar a la orilla, evita una tormenta de consecuencias imprevisibles Permite cerrar esta gira con preocupaciones pero sin dramas. Y nada más. Derrota con Messi y ahora victoria sin Messi. Esa es la cosecha argentina en Tánger, en el cierre de la preparación para la Copa América. Aparición fuera de contexto de Correa y gol. Cosecha escasa, pero en los tiempos de vacas flacas que atraviesa Argentina, nada para despreciar.

Pueden tomarse en cuenta cierto cambio de actitud, el orden táctico, la disposición inicial, algunos detalles técnicos en un par de jugadores. Y poco más. El viento, el muy fuerte viento que cruzó la cancha, impidió que se jugara normalmente al fútbol. La pelota fue casi siempre un elemento indomable. Dicho esto, Argentina puso en cancha lo que había anunciado, sin lugar para ensayos extraños. Un 4-4-2 con la defensa bien plantada y con Acuña siendo más salida que Montiel; una línea de volantes con Rodríguez y Paredes tomando a los dos creativos rivales y con Pereyra y De Paul por afuera; y con Dybala y Lautaro rotando, entrando y saliendo.

Enfrente, Marruecos propuso un 3-5-2 con Benatia -mucha categoría, cierta lentitud- mandando en el fondo. La primera mitad fue entonces una pelea de nueve volantes a los que a veces se sumaron Dybala y hasta algunos de los centrales. Un embotellamiento en el que la pelota iba y venía y en el que todo futbolista que quisiera pisarla y jugar era sistemáticamente detenido con falta. Ese aspecto, el de la fricción, también caracterizó a la etapa inicial. Y en ese rubro -29 faltas en 45 minutos-, algunos marroquíes aprovecharon la pasividad del juez de Zambia para pegar más de la cuenta.

A un par de insinuaciones locales que levantaron a un público muy fervoroso que se fue apagando, con Boussoufa y Belhanda como ejes, la Selección respondió con menos elaboración y más llegada. Merodearon el gol apariciones de Pereyra, de Dybala, de Guido Rodríguez desde lejos. Poquito.

Esa obsesión por no perder el orden, por aferrarse a un libreto para intentar cambiar la imagen de Madrid, terminó haciendo de la Selección un equipo compacto pero chato, sin variantes, expeditivo en defensa ante cada riesgo y carente de imaginación. Pero que al menos no se amilanó cuando el rival golpeó y se lo quiso llevar por delante casi por fuera del reglamento.

Y lo mismo en el segundo tiempo, ya más adelantado en el campo, con Andrada mirando todo desde lejos, con Pezzella sobrio y empujando desde el fondo, Acuña trepando y Suárez -por Lautaro- esperando alguna. Sin vuelo por los costados, con Dybala ausente, la creación era una quimera.

Hasta que Correa, que había entrado por De Paul para buscar sin éxito enganchar con el resto, recibió de Suárez y se fabricó un espacio para el derechazo al 1-0. Lo que siguió fue aguantar los tibios embates de un equipo más vistoso que temible, que cambió en el final el juego asociado por el envío aéreo pero tuvo la misma ineficacia. Musso no pasó sobresaltos y la victoria, ese bálsamo que no debiera engañar a nadie, llegó para quedarse.

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Carlos Cedeño Moreira

Director LatinoDeportes.Net

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