Un grito en silencio

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Carlos L. Cedeño Moreira

La redonda está en silencio. Las gradas están muertas. Blatter preso en su conciencia, no pudo llevar el bendito fútbol a otra galaxia con los billones del soccer y ahora se pudre pidiendo inocencia con relojes que no dejaran pasar al tiempo.

El silencio de un virus apagó el grito de gol. ¿Dónde están las estrellas, las marcas? Los periodistas deportivos no tienen coberturas, ni material para sus comentarios fantasiosos, agoreros, fatalistas, comparativos, y a veces, con una que otra metáfora acertada para describir la parábola que tomó el digno balón; no les queda más que recurrir a copiar de la biblioteca de sus recuerdos, corriendo el riesgo por el diseminado camino de una audiencia que talvez los haya olvidado, porque sus mentes desvarían en un encierro donde el grito de gol es solo una oración al Creador que se ahoga en su gargantas.

¿Dónde están los millones del consumismo mediático de la falsa profesión del fútbol? Quizás en alguna estantería olvidada, donde se desvanecen los falsos dioses, incluso el legado que Fergus Suter jamás soñó en su historia plasmada en los campos de tierra y del insípido césped en los que enfrentaba a aburguesados banqueros que tuvieron que sucumbir ante el proletariado con el naciente FC Darwen.

¡No escucho gritos! Los estadios se han transformado en cementerios silenciosos olvidados a los que los aficionados no quieren copar, pero que seguramente extrañan como religión de una tarde de sábado o domingo en los que también están aquellos que esperaban con ansias vender camisetas, cintillos y todo souvenirs que alegrase la fiesta en las gradas y la de ellos para llevar así un rancio dinero que pueda comprar el hambre, ¿Cómo estarán ellos? ¿Quiénes los recuerdan? Hay de todo, desde los que aceptan rebajas de sus jugosos sueldos, hasta los que reclaman su salario que les alcanza a salvar la vida de un mes. Solo es fútbol, no, hay un rostro humano oculto tras de él.

El fútbol ha muerto…talvez resucite con menos sponsors y con más amor al mismo deporte que al jugoso metal. Sí, hay una lección, algunos de los que la patean hoy han reaccionado con destellos de generosidad.

Así estamos, no hay porque llorar. Hoy la vida es lo primero y esta podrá seguir sin él; mientras tanto, la grama muere y el hambre se apodera.

No hay equipos, sus colores se marchitan, pero sí familias que querrán menos fútbol y más deportes que garanticen la salud sin un respirador artificial.

El fútbol ya es parte de la historia, pero, ¿está muerto o solo tiene un espacio vacío de días sombríos?

Talvez esté, en un espacio vacío, que por ahora permanece escondido.

No hay gritos, porque nadie puede profanar el silencio.

Gracias por tus comentarios

Carlos Cedeño Moreira

Director LatinoDeportes.Net

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