UNA VIDA MÁS SIMPLE…¡si!

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Por: Carlos L. Cedeño Moreira

¿Y no será que estamos intentando vivir, trabajar, consumir, igual que antes, sin percatarnos que el virus cambió la forma de vida que teníamos? ¿Será de abrir nuestra mente, plantearnos una vida más simple y dejar de consumir para empezar a vivir con lo que de verdad importa?, postea en su página de Facebook la escritora ecuatoriana Mónica Varea, una mujer difícil de describir por sus virtudes, pero humana sobre todas las cosas.

Esas preguntas, las pude leer al despertar en una mañana de pensamientos grises donde buscaba preguntas, difíciles de formular. Sin duda que, si dejáramos de ser consumistas, tuviéramos una vida más liviana, donde en una mochila cabría todo lo que necesitamos. La ostentosidad hace daño cuando perdemos la brújula, porque un simple virus nos hace desaparecer en tan solo un chasquido.

Vivir simple, son dos palabras que traen una frase que se ha transformado en un himno en mi memoria desde el momento que la leí y escuché del expresidente de Uruguay José Mujica: “Pienso que es mejor vivir liviano de equipaje. Con poco y con lo justo”.

Dicho de otra forma, hay que salir de las burbujas estereotipadas para pasar a vivir, como se piensa y no pasar a pensar cómo vivir. Sin duda un juego de palabras que solo se puede evidenciar con la acción-

Pero, ¿cómo abrimos la mente en un mundo global donde al parecer todo está hecho y está escrito? Abrir nuestra mente consiste en tener el poder de recibir ideas o experiencias con la que antes no contábamos. Nos libera de viejos hábitos cerrados y errados, eliminando viejos paradigmas para construir nuevos.

A todo esto, me atrevo en añadir metáforas de abrir y oxigenar nuestro corazón, que nos permita ser distintos, perdonando y haciendo el bien, desterrando la maldad y los prejuicios de juzgar a otros sin conocerlos.

Los jóvenes tienen el desafío de sembrar otro futuro, recuperar el civismo como una revolución de valores en un mundo menoscabado.

Las respuestas a las preguntas necesitan de un cambio de actitud donde se llama tonto a un ser honrado y se llame vivo a un corrupto. La sociedad necesita personas con etiqueta de “tontos”, llámese así por sus buenas acciones, sin importar su raza o ideología.

Es que vivir en una “nueva sociedad” en confinamiento, podría ser el nuevo orbe mundial y hasta más nefasto de lo que ya hemos experimentado. Por todo aquello hay que darle oxígeno a la tierra y al hombre.

Alimentarnos del campo, sin pasar por procesos químicos podría propender a ser humanos menos enfermos evitando así la proliferación de farmacias que se benefician de un porcentaje no cuantificable de médicos que olvidan la bioética para convertirse en mercaderes de la salud.

Pero, nací sin saber lo que iba a vivir y que ahora vivo. Hoy la vida es un cristal trizado por el paso del virus letal. Aunque las brechas eternas siguen campante. «Tu tomas agua destilada, yo agua con microbios», protesta en en una de sus líneas Call13 con su tema «Baile de los pobres».

Esperar, es el camino, para los que acaban de nacer y morir para aquellos que nunca avizoráramos en su momento tener un vertiginoso internet y peor una pandemia convertida en una sindemia que exacerba todo pronóstico.

Y, no contentos con todo esto, nuestra psiquis es menoscabada y torturada por la infodemia. Entonces, saber menos de tanto sería el camino, para coger y escoger el menos contaminado que nos permita ver crecer una planta y luego cosechar la flor. Debemos sembrar gratitud como semilla que se esparce, ya no desde los medios, (cuidan su negocio) sino como ciudadanos nativos digitales o no.

Volviendo al inicio, ¿estamos intentando vivir?

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