NO REPICAN

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Carlos L. Cedeño Moreira

Tengo miedo de ver tanta información de supuestos dueños de la verdad, sus nombres no valen repetirlos, porque tan solo son alfiles de alquiler. Se me oscurece la vida, por el precio de vivir encerrado. Son cientos o miles los que han partido sin poder despedirse de los recuerdos vanos de una agonía desesperada en un aire espeso por el color de la muerte.

Todo está en silencio, las calles lucen casi vacías, por ahí se divisa algún alma doliente, procurando conseguir algo para llenar el espacio vacío. La vida está pasando rápido aquí y allá. Las fosas siguen siendo comunes, haciendo a veces, que la fe se desvanezca, mientras que otros la depositan en sus retoños, hasta verlos crecer.

La gente anda como zombi, no alcanza a tener respuesta, se quedan mirando al horizonte e implorando a Dios por un nuevo día. En medio de esta nada, ojalá renazcan los frágiles valores del hombre quebrantado.

Las estadísticas de infectados aumentan, los muertos ya no tienen ataúdes, sus deudos no los pueden comprar en las funerarias, la sociedad de consumo no estaba preparada. Ecuador sucumbe a la pandemia, no aparece el país solidario para disminuir el impacto, son más de 8 mil los infectados. Ciertos expertos dicen que estamos en el peor momento donde el virus ya es parte de la cotidianidad, sin que nadie sea inmune.

Los videos reales o los llenos de rumores sacuden los cimientos de una sociedad mundial, ni siquiera las superpotencias de la salud han podido controlar este mal “creado por el hombre”, para diezmar a la población, donde para ellos somos muchos, como si hubieran comprado la vida eterna, pero no es así, han muerto ricos, pobres y para todos ellos la muerte tiene un mismo lugar.

La fe, se desvanece y encuentra recodo en la oración, como esperanza que a ratos se evapora en cualquier esquina o reclinatorio de imploración. Tampoco se escuchan los repiques de campanas para los que mueren en un silencio profundo, porque su eco no llegará hasta las frías lápidas desaparecidas que hoy nos recuerdan que somos polvo y al mismo volveremos, como algunos que tuvieron que convertirse en cenizas que no podrán esparcir.

Recetas y formulas caseras y una que otra científica promocionada por algún laboratorio aparecen a cada minuto en los chats de wasap. La confusión impera y hasta me prohíben visitar a los míos que ya casi no son, porque el amo covid19 lo prohíbe. Pero, todo pasa en segundos, me llega en un instante un mensaje de mi médico homeópata: “mezclar medio vaso con agua de mar y medio vaso de agua natural, más el jugo de un limón, tomarlo en ayunas y después de merienda durante siete días”. Le agradezco, y me quedo pensando, ¿cuál agua de mar?, si las que están cerca, lucen contaminadas. ¡Buscaré!

Así está el mundo en las manos de la “aterradora” muerte. Las sonrisas de un día ya no humedecen los ojos de alegría, sino de continua incertidumbre y tristeza.

En mi Ecuador del alma, aún existen los dueños de un territorio que nunca les ha pertenecido, no renuncian a ser candidatos a cualquier cosa, porque añoran en medio del dolor ser los nuevos roedores que nos corroen. Un presidente con discapacidad que rueda haciendo lo que puede, hasta quitar raciones a unos, para entregarle porciones a otros; sin que desparezca el apetecido banquete de la lujuria. ¿Qué más hará el señor Presidente? Mientras, la pobreza aumenta y el hambre se disfraza de mendicidad. ¿Dónde está la solidaridad?, ¿Manta podrá hacerlo?

Me quedo en silencio, atinó a pensar que el milagro es la esperanza para los que tienen fe, para aquellos que conocen que hay un único camino: Jesús.

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Carlos Cedeño Moreira

Director LatinoDeportes.Net

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